Bienvenidos a la realidad de las imágenes digitales

Introducción

Durante los últimos años, el vínculo entre tecnología e imagen ha adquirido cada vez mayor importancia. El dominio del mundo a través de la máquina puede rastrearse con la aparición de las sociedades industriales que admiten a la razón como paradigma de verdad. La carrera tecnológica es inminente ya que todos los ámbitos de la vida humana cambian continuamente: la pragmática tecnológica ejerce fuertes campos de interpretación de realidad organizando los modos y las creencias. Por consiguiente, cualquier pregunta acerca del impacto que detonan en las sociedades del siglo XXI es pertinente.

La tecnología no es un fenómeno que aparece en las sociedades industriales, sin embargo, hace visible la profunda relación del hombre con su herramienta. Las tecnologías involucran nuevos estilos de habla y escritura en la medida en que transforman el mundo natural y social. La indagación acerca del impacto en las sociedades contemporáneas necesita de prácticas discursivas y caminos adecuados para entender el sentido de nuestra existencia en la tierra. La virtualización del mundo o su digitalización a través de procesos matemático-abstractos liberan al hombre de su condición natural y lo invitan a mudarse a la casa de la imagen. Lady Gregory es la portera del reino de los muertos.

El estudio preciso de acontecimientos y fenómenos que se manifiestan en la realidad material fundamenta a la ciencia. Aprovecharse de este conocimiento para modificar o mejorar procesos o acciones pertenece a la tecnología. Antoni J. Colom(2002) en La deconstrucción del conocimiento pedagógico afirma que “ la transmisión del conocimiento objetivo es el caso de la ciencia, y utilizar conocimientos para preescribir acciones que consigan objetivos funcionales es el caso de la tecnología” (p.15). La explicación de fenómenos mediante la razón ofrece la razón de las cosas. El conocimiento orientado al conocer para hacer le ha funcionado a la humanidad desde el principio de los tiempos: Una odisea en el espacio de Stanley Kubrick muestra, en una escena cinematográfica, a un homínido que descubre por accidente a un hueso como herramienta para matar animales. La transmisión de ese preciso conocimiento  aseguró el dominio del hombre en una dimensión completamente artificial.

La pulsión de la imagen digital

La palabra tecnología etimológicamente hablando tiene un origen griego: a) τεχνολογία, formada por téchnē (τέχνη) asociada al arte, técnica entendida como una destreza y b) logía (λογία) entendido como el estudio de algo. El concepto de técnica “el arte o técnica es una disposición productiva acompañada de razón verdadera” (Aristóteles. Etica a Nicómaco VI, 4, 1140 a).  José Ricardo Morales(1984) en Arquitectónica escribe que “la téchne origina o configura aquello que representa, pues el arte de cazar, navegar, construir sobrepasa la pura y simple medialidad, a la que pareciera vocarse o reducirse porque requiere como condición inherente, imprescindible, la de llevar consigo su propia fundamentación” (p.161). La técnica se acompaña de la razón verdadera, es decir, existe un pensamiento fundamentado en su télos (ser para algo) y logos como su razón de ser. “No conozco téchne alguna que carezca de fundamento” se afirma en el Gorgias platónico.

La confusión que existe entre la técnica y la constitución de realidad expresa a un sujeto que no realiza la acción por sí mismo. Herramientas como la escritura alfabética ofrecen una memoria mecánica[1] y retienen el contenido de un texto, es decir, la asociación a una episteme o conocimiento real suele relegarse. La técnica se reduce a su instrumentalidad, pero la imagen adquiere otra dirección: “ el contenido de un sentimiento, pero ya depositado en la interioridad abstracta universal”[2] advierte Hegel. De modo que, la significación se encuentra  en un pozo oscuro de manera inconsciente que se anima en una colectividad adquiriendo poder sobre sus individuos. El zócalo de la razón es un espíritu objetivo cimentado en la razón y la voluntad.

Con la aparición de la fotografía era común que los familiares fotografiaran a los fallecidos después de la muerte: vesrtirlos con sus mejores ropas y posando frente a la cámara con el fin de captar su apariencia natural. Esto fue hecho por los parientes para que tuvieran una imagen de sus seres queridos antes de ser enterrados. No es de extrañarse que Hegel definiera al signo como una intuición inmediata que representa un contenido enteramente distinto al que tiene de suyo, es decir, un yo que vive en un pozo profundo pero ya depositado en una colectividad. Los fallecidos son hechos imagen sin la necesidad de los cuerpos.

La pulsión de muerte aumenta porque se ha incrementado el poder del cuerpo. Gerard Wajcman en La imagen como pensamiento afirma que “las tecnologías como la computadora y el internet le confieren a cualquier humano la capacidad de la simultaneidad”(p.27). Del mismo modo, menciona a Freud en El malestar de la Cultura la cualidad propia de la civilización: “el hombre mismo ha devenido en casi un dios” ya que su dominio técnico del mundo ha desaparecido la propiedad absoluta de la materia. Un asesinato ha sucedido y deseamos comernos a Jean-Baptiste.

El poder del ojo no entiende cualidades mamíferas. La dificultad para discernir entre acontecimientos e imágenes producidas con aparatos reporta una ventaja: la obsesión de habitar en tiempo real. Habitar el síntoma en un presente continuo y vencer el tiempo. “Esto mismo es lo que concierne al futuro: prevenirse” advierte Jean Francois Lyotard en Aviso de diluvio. Por quererlo todo, el sistema quiere la muerte de la muerte y , por consiguiente, la disolución de Dios en beneficio de la producción y la utilidad. Todo es permitido bajo la condición de ser intercambiable y observable.

El pozo profundo se ha sido olvidado y lo trascedente ha pasado al dominio de lo cósico, es decir, el hombre olvida al ser para consagrarse en el dominio de los entes. El Dasein, según José Pablo Feinmann[3], está arrojado al mundo, pero es un ser desgarrado que siente la muerte. La nada consiste en dejarse devorar por el mundo. El hombre no es realidad sino posibilidad. Martin Heidegger habla del “Ser-ahí” y  plantea a la conciencia como intencional porque va más allá de sí misma: “el mundo es aquello desde lo cual lo a la mano está a la mano” (Heidegger, 2013). La imagen trae sentido a la naturaleza, pero su utilidad es su punto más privilegiado y vulnerable. No existen ninguna significación alguna en el universo. La extinción humana se hace latente en cada representación humana.

Internet ya no puede considerarse un espacio exclusivo de la comunicación. Todo individuo con acceso desde un dispositivo es energía concretizada en dato. La información succiona almas y devuelve imágenes discretas. Las actividades cotidianas en línea, alimentan el apetito de las máquinas impulsadas por algoritmos, diseñadas para facilitar la expansión de la ganancia y el poder mediante el ejercicio predictivo para la cuantificación y modulación de los deseos. De modo que, las redes sociales como Facebook, Twitter, YouTube, SnapChat, Instagram, etc; encarnan la civilización de la escritura desde una estructura estabilizada que dicta las formas adecuadas de representación. Elimina el caos del mundo. Pura presencia estable.

Internet designa a todos en una memoria digitalizada que se encarna a base de hechos concretos, acciones y vivencias estructuradas en una significación cultural. La imagen provoca el desvanecimiento del cuerpo o toda sensación experimentada. La realidad ha sido sustituida por imágenes. El fondo está en la superficie. El sentido clausura todos los pozos profundos para situarse en la perpetúa perpetua pragmática de lo utilitario. Michel Houellebecq (2000)  en su “Opera Bianca” dice que “mediante los datos observables, en ausencia de contradicciones, se propone un mundo estabilizado del cual se puede hablar”. Bienvenidos a la realidad.

[1] La memoria reproductora tiene y conoce a la cosa en el nombre y, con la cosa tiene y conoce el nombre, sin la intuición ni imagen.

[2] G.W.F. Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas. Trad. Española de R. Valls Plana, Madrid, Alianza, 1997, p.506.

[3] Programa “Filosofía Aquí & Ahora”, 2ª Temporada, realizado por José Pablo Feinmann en Canal Encuentro del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Argentina. Extraído el 14 de abril de 2016 de https://www.youtube.com/watch?v=1KSjuVSxefE

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