Mi cuerpo es una imagen de Robin Wright.

El texto parte de un objeto concreto: la película conocida como The Congress, 2013, dirigida por Ari Folman. El concepto es abordado desde la complejidad de Edgar Morin: el cuerpo es un sistema abierto en relación con su medio ambiente, es decir que la cuestión corpórea plantea niveles de relaciones contradictorios que constituyen paradójicamente al sujeto. La reflexión incluye a Peirce quien percibe al cuerpo en tres dimensiones complejas, Deleuze en su libro de “Anti Edipo” con los planteamientos sobre el cuerpo y ,finalmente, Zizek en “Órganos sin Cuerpo” en función de las problemáticas de la ciencia en lo contemporáneo. El ensayo sólo está enfocado a la descripción de la historia del personaje principal: Robin Wright y su cuerpo entendido en tres dimensiones. Aquí, no se realiza un análisis por diálogos, escenas, color, vestuario, tomas, etc. La invitación consiste en – comerse unas palomitas el fin de semana – mapear la primeridad en Robin desde la carne, la segundidad como la imagen y la terceridad con sistemas simbólicos. Adiós al sujeto cartesiano y bienvenidos a la constitución del Yo desde la complejidad a partir de uno y lo otro con sus relaciones ambiguas.

En primer lugar, la afirmación de que la experiencia humana no es directa: intriga. Edgar Morin escribe: “que la mente humana, si bien no existe sin cerebro, tampoco existe sin tradiciones familiares, sociales, genéricas, étnicas, raciales, que sólo hay mentes encarnadas en cuerpos y culturas, y que el mundo físico es siempre el mundo entendido por seres biológicos y culturales” (Roger, 2007, p. 9). Von Neumann describe la paradoja en la diferencia entre la máquina viviente (auto-organizadora) y la máquina artefacto. En efecto la máquina artefacto está constituida por elementos extremadamente fiables. Por ejemplo, el motor de coche y todas sus partes controladas en su producción al interior de una fábrica. Por el contrario, la máquina viviente tiene componentes poco sistematizados racionalmente: moléculas que se degradan y células que se renuevan bajo el paradigma de la muerte en cada cuerpo que habita el planeta tierra.

Nicole Everaert en su artículo La comunicación artística: una interpretación peirceana[1] propone un modelo explicativo con las categorías de C.S. Peirce quien distingue tres niveles que son tres modos de aprehensión de los fenómenos. La subjetividad humana encuentra sus raíces en el mundo objetivo: tres categorías que son necesarias y suficientes para dar cuenta de la experiencia humana, es decir el cuerpo entendido en tres dimensiones complejas. El cuerpo es un tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares que constituyen el mundo fenoménico

La primera categoría o primeridad es la categoría de lo posible; es una concepción del ser en la distinción de la totalidad. El momento que es vivido en una especie de instante temporal. En esta dimensión el cuerpo se corresponde al modo de aprehender las emociones: los sentidos como un olor, un sonido, un color, una materia, un sabor; emociones como lo bello, lo trágico, lo molesto, lo aburrido encarnado en cada uno de nosotros sin referente posible. Robin Wright (The Congress, 2013) es una actriz que recibe una propuesta de Miramount Studios. Esta oferta consiste en un contrato según el cual los estudios podrán explotar su cuerpo digitalmente para generar películas protagonizadas por ella usando tan sólo su imagen generada por ordenador. En este nivel, la primeridad está en función del cuerpo real del personaje: la situación que enfrenta con su vejez frente a una industria que pone caducidad a ese cuerpo que vive instantes temporales en una bolsa de tripas de modo indescifrable.

La segundidad – siguiendo la película The Congress – es la categoría de lo real particular, del experimento, del hecho que se produce aquí y ahora, un espacio y un tiempo determinados. El cuerpo es a partir de causa-efecto, de la acción y la reacción. La relación Robin Wright cuando sufre con la tecnología al no poder reconocer su cuerpo real pero que existe en algún sentido. La búsqueda de su hijo durante la película representa su relación desde la segundidad entre su cuerpo y el mundo. La segundidad incluye a la primeridad. En “dos” está incluido “uno”: el cuerpo en tanto real particular encarna una imagen propia, relaciones con una sociedad o la propia familia. El cuerpo se construye bajo sucesos y genera su propia historia de interpretaciones acerca de la realidad.

La terceridad es la mediación entre otros dos. En “tres” están incluidos “dos” y “uno”. La terceridad es la categoría de las leyes instauradas en el cuerpo para vivir en sociedad. Mientras en la segundidad el cuerpo es capaz de generar una experiencia particular, la terceridad y la primeridad son categorías de lo general. La terceridad en The Congress está representada en el acontecimiento social que permite a la tecnología de Miramount convertir a los seres humanos en avatares animados. La tecnología posibilita que uno pueda decidir lo que quiere ser en cada momento pero conectado a la red. El cuerpo habita en la ley cuando está en la categoría de la terceridad. El cuerpo tiene su dimensión desde la tecnología, la cultura, el lenguaje, la representación, los procesos semióticos, los hábitos, las convenciones, en suma el orden simbólico.

En este sentido, el planteamiento de C.S. Peirce permite entender que, la relación del cuerpo de Robin Wright con el mundo está enfrentada a la materialización directa de la máquina. La integración directa a la red neuronal derrumba la ilusión de la autonomía de la personalidad para todos los habitantes del mundo de la película y el nuestro: los ciudadanos tienen la necesidad de un mundo atravesado por la tecnología pero viven con un sentimiento que los desampara. Es difícil habitar un cuerpo que depende de una droga o dispositivo tecnológico que veo enfrente de mí. Estamos frente a las puertas del infierno de Dante cuyo aviso no ofrece esperanza alguna: todos tenemos la necesidad de un aparato mental simbólico. El cuerpo está impactado – a la Jakson Pollock – en un cuadro de la terceridad: La complejidad siempre. Lo que Deleuze llama máquinas deseantes se refiere a algo que es completamente diferente de la mecánica: el devenir máquina. El Anti Edipo, cito: “el verdadero problema no es el de cómo pueden las máquinas imitar la mente humana de alguna manera, sino el de cómo la verdadera identidad humana depende de elementos mecánicos externos” (p.198).

El escenario no consiste en reducir la mente a los procesos materiales neuronales o sustituir la segundidad y primeridad del cuerpo por el lenguaje de los procesos tecnológicos – trasladarse a la terceridad – sino más bien el de aprehender cómo la mente sólo puede aparecer si está inserta en la red de relaciones sociales y suplementos materiales. Slavok Zizek en “Órganos sin cuerpos” menciona un caso: “En marzo de 2002, los medios dieron cuenta de que Kevin Warwick, de Londres, se había convertido en el primer ciberántropo: en un hospital de Oxford, su sistema neuronal fue conectado directamente con una red informática. Es pues el primer hombre al que se le ha alimentado directamente con datos que no pasan por los cinco sentidos. Éste es el futuro: la combinación de la mente humana con el ordenador” (p. 34).

La edificación de un sujeto desde la complejidad no será fácil porque nuestra propia naturaleza está en juego. El pensamiento: “Pienso, luego existo” está siendo arrasado por una tormenta de lo real. La identidad consistirá en depositar nuestras capacidades en máquinas externas y sólo cuando seamos verdaderamente capaces de confiar por completo en las máquinas pensantes estaremos en condiciones de afrontar el vacío de la subjetividad. The Congress aporta una mirada precisa, la tecnología de Miramount posibilita que uno pueda decidir lo que quiere ser en cada momento: una diosa seductora, Picasso, algún héroe de acción, Yoko Ono y de súbito una cena a mitad de un orgasmo lleno de fuego.

Así pues, las preguntas crecen: ¿continuará un ser humano dirigido de esa forma experimentando sus movimientos como algo espontáneo? ¿Seguirá siendo totalmente inconsciente de que sus movimientos son manipulados o cobrará conciencia de que algo va mal, de que el exterior dirige esos movimientos? ¿Aparecerá este mundo objetivo como parte de mi como una pulsión interna o como una simple coacción exterior?. En otro ejemplo que, puede hacer referencia a la película: “En mayo de 2002 cuando se informó de que unos científicos de la Universidad de Nueva York habían acoplado un chip de ordenador, capaz de recibir señales directamente, al cerebro de una rata, lo que hacía posible controlar a la rata — determinar la dirección en que se desplazaría – por medio de un mecanismo de dirección de la misma manera que uno mueve un coche de juguete por un mecanismo de control remoto” (Zizek, 2006, p. 39).

En conclusión, el siglo XXI está en una batalla sin precedentes en el conocimiento del propio cuerpo. La tecnología hace visible el velo de nuestra relación con el mundo: no existe la idea romántica de regresar a una vida natural más autentica. Nuestra inserción al lenguaje es el vínculo simbólico que nos instala en la terceridad como punto de referencia para atender el mundo. Es cierto, cada vez más, el cuerpo está atravesado por las memorias informacionales y manipulado por potencias anónimas bajo fines comerciales: Miramount en la película the Congress, Facebook, Google, Spotity o cualquier aplicación de móvil que recaba información para tratarnos como consumidores. No es necesario el advenimiento de una Matrix como la que describen los hermanos Wachowski para abordar el peso del orden simbólico en el cuerpo. Insisto, la tecnología sólo hace visible nuestra relación artificial con el mundo. Robin Wright es el símbolo de nuestra condición humana y , en ese camino, la subjetividad construida desde discursos hegemónicos está fracturada. La complejidad abraza a cada uno de los cuerpos sobre la tierra mientras la primeridad nos susurra a los oídos que la nada sólo espera a la entropía. De ahí que, el cuerpo se aferre a la terceridad desde los múltiples sistemas simbólicos. Lo único que tenemos es la capacidad para jugar en la terceridad y en ese camino está el peligro de perderse. La imposibilidad de un paradigma complejo está amenazada por conceptos duales: ¿ cómo edificar un cuerpo que desafía las posibilidades de cálculo o del mundo simbólico pero que comprenda a la incertidumbre, la indeterminación, los fenómenos aleatorios o el mismo azar?.

 

Bibliografía:

Deleuze, Gilles. (1985). El anti Edipo: capitalismo y esquizofrenia: Gilles Deleuze y Félix Guattari. Barcelona: Paidos.

The Congress. (2013). [Película] Israel: Ari Folman.

Roger Ciurana, Emilio. (2007). Introducción al pensamiento complejo de Edgar Morin / Emilio Roger . Guadalajara, Jal.: Universidad de Guadalajara, Editorial Universitaria, 2007.

Zizek, Slavoj. Órganos sin cuerpo: sobre Deleuze y consecuencias/Slavoj zizek; traducción de Antonio Gimeno Cuspinera. Valencia: Pre-textos, 2006.

[1] Nicole Everaert-Desmedt, “La comunicación artística: una interpretación peirceana”, en Signos en Rotación, Año III, n° 181

 

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