Arte de resistencia: una hipótesis contingente.

 

El título “Arte de resistencia” tiene como punto de partida una situación temporal: a principios de 1980 – desde el gobierno de Miguel de la Madrid – a la actualidad, las políticas se alinean con las tendencias neoliberales internacionales: las artes incluidas en este ajuste geopolítico. De modo que, los objetos artísticos se han convertido en un bien de consumo, ya sea como objeto coleccionable o como parte de la industria del ocio y el entretenimiento. En este sentido, el arte visible, representativo y con presencia mediática, es aquel que se ofrece en el mercado: galerías, museos, centros de arte o ferias como zona MACO en México. La relación económica afirma López Cuenca: “implica que las creaciones artísticas están constituidas a partir de una doble dimensión: como objetos simbólicos pero también como mercancías. Es decir, las creaciones de los artistas son a la vez ámbitos de representación e indagación estética y objetos en el mercado de bienes de consumo”[1]. Leonard N. Stern de la Universidad de Nueva York y uno de los creadores del índice de arte Moses/Mei, que mide el comportamiento financiero de las obras, afirmó que “En los últimos 50 años, el arte, incluso, ha superado a la bolsa en Estados Unidos, con retornos anualizados de 12,6 por ciento, frente a un 11,7 por ciento de Wall Street. Ambos indicadores superaron a los bonos a 10 años y a los papeles a 90 días, cuyos retornos fueron 6,5 por ciento y 5,4 por ciento respectivamente”[2].

 

Otro escenario es el mexicano. A diferencia de Estados Unidos, donde el mercado del arte está activado por capital privado, aquí se da una dependencia casi absoluta del patronazgo estatal – desde las becas de creación del Fondo Nacional para la cultura y las Artes a los presupuestos de los museos, centros de arte y los apoyos para exposiciones en el extranjero. De ese modo, las situaciones que favorece el Estado es , la espectacularización del arte y de la cultura en general, mediante su reducción exclusiva a un producto de entretenimiento. En México, el arte se ve, cuando se ve, como un pasatiempo. De hecho, tal vez esta condición de dependencia estatal haya camuflado la patente conversión del arte contemporáneo en un bien de consumo: las artes aparecen a los ojos del público solo tangencialmente como mercancía debido a su envoltura en la nebulosa de las subvenciones públicas. La investigación no está vinculada al nivel simbólico del arte sino en su nivel de mercancía. La resistencia o la confrontación se debe dar a nivel de la función social del arte y no sólo de la representación. Por ejemplo: Teresa Margolles, Gustavo Artigas, Daniela Roseel y Carlos Amorales plantean propuestas sobre la realidad mexicana – precareidad laboral, la indigencia, el derroche de la clase acomodada, el narcotráfico – lo cierto es que son distribuidos por los canales comerciales del arte. No son un arte de resistencia, ya que no cuestionan la condición fundamental de la práctica artística: su condición de mercancía.

 

El objetivo fundamental de la investigación consiste en plantear un modelo de conocimiento – en función de la producción de objetos – que escapen a la metas productivistas programadas por los modos dominantes de producción mediante las tecnologías de la información y la cultura hacker. El punto de partida son estudios de casos basados en técnicas híbridas de código abierto donde se implementan tácticas artísticas con fines no artísticos y tácticas no artísticas con fines de redefinición de las prácticas artísticas. Resistirse simbólicamente no implica necesariamente resistirse a la función mercantil del arte. Existe la idea de que existen prácticas sociales – acompañadas de las tecnologías de la información – que pueden hacer frente al concepto de mercancía desde el campo del arte. Adorno en su libro de Teoría estética dice: “El arte debe ser refractario a la realidad existente (debe negar el modo extendido de percibir y vivir la experiencia), negativo (es decir, confrontacional), y resistirse a ser completamente comprendido. El arte tiene una condición dual como mercancía y como símbolo”[3] (Adorno, 1980, p.45). A continuación enuncio los pensamientos que intentan hacer frente al concepto de mercancía en cuyo caso serán los códigos lingüísticos que soportan la investigación:

 

En primera instancia, la tecnología – cómo eje en la investigación – ha posibilitado la inmediatez, la funcionalidad máxima y el pragmatismo radical. Esto ha hecho que el hombre haya relativizado lo absoluto, las verdades inamovibles y por tanto, que haya sustituido la lógica de la moralidad, la creencia de los grandes valores – y la lógica de la razón – la creencia en las grandes verdades – por la lógica de la necesidad – la satisfacción del deseo. El saber se convierte entonces en el sustento de la información que es, a su vez, el determinante de la nueva sociedad. Colom afirma que: “Tras la modernidad, el concepto económico de las mercancías se transforma en el concepto económico de la información, con lo que podemos concluir afirmando que ahora el saber tiende a reemplazar al capital como recurso esencial o, en todo caso, se puede decir que ahora el capital se encuentra en la información”[4].En segunda instancia, Diseñar[5] es la actividad objeto de estudio del diseño que en tanto disciplina estudia el comportamiento de las formas, sus combinaciones, su coherencia asociativa, sus posibilidades funcionales y sus valores estéticos captados en su integridad. El diseño se identifica con la acción humana de cambio consciente de la forma, es práxis trascendente porque se origina en el propio agente y termina fuera de él; es poiesis creativa porque agrega al ser algo que no existía – a ella responde por excelencia el arte -. El diseño puede ser caracterizado como una forma específica de arte, como práxis poética y como tal responde a una función determinada.

 

El enunciado temático consiste en plantear lo siguiente: El diseño de prácticas sociales que implican la generación de capital a través del arte y la tecnología pueden hacer frente a la forma de la mercancía. La transgresión, la resistencia simbólica que abandera a las prácticas artísticas no pueden hacer frente a la capacidad asimiladora del mercado, es decir la cultura capitalista: será posible utilizar los sistemas de información – tecnología – en conjunto con la mirada del arte desde la resistencia para diseñar modelos que puedan generar capital que puedan insertarse como mercancías en su naturaleza más radical en el mundo del arte. Es decir, pueden las prácticas sociales que atraviesan los sistemas de información y buscan la generación de capital; convertirse en una mercancía transgresora para el mundo del arte. Métodos y técnicas de investigación de Lourdes Münch[6] define a la hipótesis como una respuesta sujeta a comprobación. Su función primordial es probar empíricamente una relación entre fenómenos. Las variables de la hipótesis pueden definirse como aquellos elementos que son objeto de estudio, medición y control de la investigación. En este sentido, la variable dependiente es la mercancía entendida como un proceso que genera capital y que es sometido a variables independientes: a la práctica artística entendida como una práctica social que incluye sistemas de información para generar capital, los procesos tecnológico-digitales asumidos desde el campo del diseño y , finalmente, la inserción en los circuitos legales del arte como sistema de validación. Aquí la lógica consiste en asumir que determinado tipo de práctica social (variable X) puede insertarse en el mundo del arte (variable Y) siempre y cuando se puedan relacionar a través del concepto de resistencia frente a las formas de consumo (variable Z). Una suerte de hipótesis contingente puede ser el eje de la investigación.

 

[1] Alberto López C, Alberto (2009). Del arte de resistencia a la resistencia al arte. Año IV, número 7, noviembre 2009. No de registro de propiedad intelectual: 523964 No de ISSN 1850-6267

[2] Nota extraída: Empresas brindan asesoría en compra de arte Morale. Portafolio (May 9, 2006): n/a.

 

[3] Adorno, Theodor W., 1980. Teoría estética. Madrid, Taurus.

 

[4] Antoni J. Colom (2002). La deconstrucción del conocimiento pedagógico. España, Paidos: p, 27.

[5] Vilchis, Carmen (1999) Diseño: universo de conocimiento. Centro Juan Acha, UNAM; p, 35.

 

[6] Münch Galindo, Lourdes. (2007) Métodos y técnicas de investigación / Lourdes Münch y Ernesto Ángeles. México, D. F. : Trillas, 2007.

 

 

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