El sonido como elemento reflexivo sobre la construcción de realidad desde el arte sonoro.

El ensayo contempla al arte sonoro como una manifestación artística que tiene como punto de partida al ruido, es decir, frecuencias emitidas por el universo y , a manera extraña, perceptibles a los seres humanos. El sonido es la principal dificultad para establecer una categoría debido a su complejidad. El universo emite sonidos y el ser humano busca patrones para generar sentido al fenómeno. El oído naturaliza el fenómeno y hace difícil la reflexión sobre la función de los sonidos frente al mundo. Cualquier organización de sonidos en el tiempo es música: el azar de las notas puede estar ligado a la poesía o la literatura y provocar una experiencia inmersiva sin la menor distinción semántica, el uso de la tecnología está enfocado a la generación de gadgets sin la menor reflexión conceptual, algunos músicos utilizan instrumentos y aprenden teoría musical en las instituciones sin poder desplazar su aprendizaje a otras áreas de conocimiento, etc. El arte constituye una manera de conocer el mundo a partir de su capacidad para “establecer dispositivos” entre forma y concepto que, según Álvaro Villalobos en Formas de interculturalidad en el arte: hibridación y transculturación, nacen de “mezclas aleatorias y azarosas” con resultados “móviles e imprecisos” pero verificables.

El arte sonoro surge como una necesidad de definir todo lo que no cabe dentro del concepto de música, es decir, el arte de organizar lo sensible bajo una combinación coherente de sonidos bajo los sistemas fundamentales como la melodía, la armonía y el ritmo, es decir, la relación de sonidos a partir de formas equilibradas, matemáticas o armónicas. El arte sonoro constituye un campo de creencias que tiene que ver con obras artísticas que utilizan el sonido como vehículo principal de expresión y lo convierten en su eje rector. La característica de las piezas es lo intermedial, es decir, la posibilidad de utilizar lenguajes artísticos para habitar en una lógica de conjuntos. Manuel Rocha Iturbide en Qué es el Arte Sonoro concuerda con la definición de William Furlong acerca de los problemas de los artistas sonoros:

“El sonido nunca se ha convertido en una área discreta y distintiva de la práctica artística al igual que otras manifestaciones y actividades que si lo fueron en los años sesenta y setenta. Nunca hubo un grupo de artistas identificable que trabajara exclusivamente con el sonido (a pesar de que fue usado consistentemente por ellos a través del siglo XX), de manera que no podemos aceptar un campo de práctica artística etiquetada como ‘arte sonoro’ así como uno podría estar de acuerdo con categorías como las de Arte POP, Arte Minimal, Arte Paisaje, Arte del cuerpo, Video Arte, etc”. (Rocha, 2000)

El arte sonoro es un fenómeno que admite la existencia de prácticas artísticas que utilizan al sonido para discursos o funciones específicas. Los ruidos y las notas pueden formar parte de una composición musical. El discurso puede ser generado por un ruido. El arte sonoro puede bifucarse con los conceptos para darle sentido al uso del sonido en una determinada pieza artística. Los propios fenómenos físicos pueden generar un discurso al vincularse con el arte conceptual: el silencio es una herramienta para el arte contemporáneo. De acuerdo con John Cage, la música no es otra cosa que, sonidos organizados en el tiempo. Sonido y espacio pueden conjugarse con la arquitectura.

El sonido es definido como una sucesión de ondas de compresión y rarefacción que, generalmente, se propaga mejor en el aire, es decir, una perturbación en un medio. Ahora bien, el espectro audible o campo tonal se encuentra conformado por audiofrecuencias percibidas por el oído humano. Es importante señalar que la manifestación de sonido en el universo no es una cosa que dependa de la humanidad, sin embargo, los seres humanos son los que dan sentido al fenómeno desde su campo de percepción: el oído es sensible a las frecuencias comprendidas entre los 20Hz[1] y los 20 khz.

El criterio que permite definir el entendimiento humano reside en la facultad de distinguir entre lo posible y lo real, según Nicole Everaert en La comunicación artística: una interpretación peircenana. Emmanuel Kant en la Crítica del Juicio considera que los animales reaccionan a estímulos físicos, pero no pueden concebir cosas posibles, es decir, la mente humana con su posibilidad de creación en la conciencia sígnica: significa. El entendimiento humano está cimentado en dos categorías: “la intuición de lo sensible” detonado por lo real y ,por el otro lado, “los conceptos que se refieren simplemente a la posibilidad de un objeto”, que ,según Peirce y , citando a Nicole Everaert, son dos categorías distintas: la primera categoría o la primeridad para la posibilidad y la categoría de la terceridad o conceptos. El simbolismo es un espacio intermedial que acontece entre lo posible y lo real que Kant no explica sobre el entendimiento humano. El humano habita el simbolismo y vive en la terceridad, es decir, está sumergido en un universo de signos capaz de operar entre lo real y lo posible. La comprensión de lo denominado Arte Sonoro se encuentra en este nivel de comprensión.

Peirce define a tres categorías para explicar la experiencia humana y, sobre todo lo que interesa en este texto: el Arte Sonoro. Primeridad es la concepción del ser y del existir independientemente de otra cosa. Segundidad es la concepción del ser relativo a algo diferente y Terceridad es la concepción de la mediación por la cual un primero y un segundo se ponen en relación (Peirce, CP 6.32, 1891). Cabe recordar que, no tenemos acceso a la Primeridad, es necesario un distanciamiento, es decir, no se tiene un acceso inmediato al sonido por la vía de la conciencia sígnica. La representación se constituye mediante una interpretación del orden simbólico. Los códigos culturales o las prácticas artísticas han sido formadas bajo la interpretación, es decir, aquello que en un principio era sólo ruido como estímulo deviene en la historia como comunidades humanas que comparten los mismos campos de creencia o códigos establecidos para investigar un fenómeno. Nicole Everaert dice que “toda experiencia artística necesita a la vez el dominio del simbolismo establecido y su subversión o modificación”. Por ejemplo, el manifiesto “Re-creación futurista del universo” puede entenderse como la necesidad del artista futurista para subvertir, transformar, convertir, alterar el simbolismo enmarcado en determinado espacio-tiempo de cualquier sociedad:

“Nosotros los futuristas Balla y Depero queremos llegar a la fusión total para poder crear un universo feliz; es decir, crearlo como algo nuevo que surge desde cero. Le daremos esqueleto y carne a lo invisible, a lo intangible, a lo que no tiene peso, a lo no perceptible. Encontraremos equivalentes abstractos para cada forma y elemento en el universo, para combinarlos con el impulso de nuestra inspiración en complejos plásticos que pondremos en movimiento…complejos plásticos que se desintegran de manera simultanea, que hablan, que hacen ruido, que resuenan” (Maur K, 1999).

La primeridad es la categoría de lo posible, es una concepción del ser en la totalidad de las cosas, lo intangible, lo invisible, lo que no tiene peso, lo no perceptible, lo que surge desde cero. ¿ De qué modo aprehenden las cualidades del sonido los artistas sonoros? Cualidades como una frecuencia de un determinado instrumento, el ruido del tráfico, la voz de un persona, etc. Por ejemplo, la nota musical LA que está en 440 Hz existe como cualidad mucho antes de que sea percibida por una computadora o por el oído humano. De hecho, cuando se hace la afirmación por una persona entrenada para detectar sonidos: la nota que es escucho es LA es distinguida de las demás notas que no tienen esa propiedad. Y en cuanto se puede vincular esa nota con otras frecuencias, la segundidad aparece. La posibilidad de relacionar sonidos instaura el suceso: aquello que acontece y después ocurre otro. En la primeridad sólo está la frecuencia de la nota, sin límites, ni partes, sin causa ni efecto ni vínculo con otras notas. El universo manifestándose sin la necesidad de lo humano para su comprensión.

La segundidad es la categoría del hecho que se produce aquí y ahora en un espacio y tiempo determinados. Es la categoría, según Everaert, de la relación “causa-efecto”, de la “acción y reacción”. Por ejemplo, el ruido que hacemos al levantarnos por la mañana, el ruido de los carros de la ciudad, los ladridos de un perro, el sonido del violín. La segundidad incluye la primeridad: un objeto en el continuo encarna una cualidad y emite frecuencias. La segundidad habita lo discontinuo: ahora escribo una palabra, luego otra y otra. La terceridad es el campo intermedial entre lo primeridad y segundidad. La terceridad es la categoría de una ley fundada en el dominio humano. Mozart en la opera de Don Giovanni pone las frecuencias en un devenir de notas musicales a través de instrumentos o voces al interior de una género de música teatral cuya cualidad es armonizar una acción escénica. En un primer nivel está la dimensión de lo posible y por el otro la síntesis. Nicole define a la terceridad como la categoría de la cultura, del lenguaje, de la representación, de los signos, del proceso semiótico, de los hábitos, de las convenciones, del arte, y , por supuesto, el Arte Sonoro.

 

Conclusión

 

La semiótica es una disciplina que puede aportar modelos al problema del Arte Sonoro. Su estudio responde tanto a la capacidad innata de los seres de comprender y producir signos de todas clases, estudia las diferentes clases de signos así como las formas que gobiernan su generación y producción , transmisión e intercambio, recepción o interacción. Charles Morris en Fundamentos de la teoría de los signos afirma que: “los hombres son, de entre los animales que usan los signos, la especie dominante”. Un signo en su definición más simple no es otra cosa que “un algo que está en lugar de otro algo”. Además, la civilización humana depende de los signos y de los sistemas de signos. La mente tiene una conciencia sígnica inseparable a su naturaleza. Toda actividad humana utiliza y expresa sus resultados por medio de signos. Ningún ruido o sonido pueden estudiarse dentro del campo del arte como estímulo sin significado. El arte sonoro hace resistencia a la telaraña de significados que se han envuelto en la música y que lo intermedial está muy necesitado de campos de acción para forzar al lenguaje a otros modos de concebir al arte. El arte se ha convertido en una torre de Babel que asume su ruina en el devenir del mundo. La desbabelización consiste en habitar un mundo líquido que poco percibe al conocimiento en estado de pureza.

Cabe señalar que, la cultura se desarrolla en una dinámica sustentada en la expansión de sistemas y la multiplicación de códigos. El arte no es ajeno al fenómeno: realidad y verdad se transforman en una función de interpretación relativa. El sonido ha sufrido la tendencia metodológica moderna de suponer que las notas se representan a sí mismas. Las frecuencias no son entendidas como una forma de representación del mundo sino como entidades verdaderas en la construcción de una realidad. Durante muchos siglos, el paradigma de la belleza bajo el paradigma de razón o verdad ha dominado la música. El artista o músico naturaliza y se naturaliza con los sonidos al grado de integrarlos y vivirlos como función transparente de la percepción del universo. El arte sonoro intenta reflexionar sobre la función del sonido no sólo en las artes sino como elemento reflexivo sobre la construcción de realidad. El sonido tiene una función integradora entre el mundo y el sujeto, en donde, sólo bajo la interpretación móvil de los desplazamientos de verdad, es posible entender una realidad siempre en vías de transformación.

Bibliografía

Charles Morris. (2004). Fundamentos de la teoría de los signos. España: Paidós.

Nicole Everaert-Desmedt. La comunicación artística: una interpretación peirceana, en Signos en Rotación, Año III, n° 181

 

Referencias

 

Maur, K. (1999). The sound of painting. Ed. Prestel. Munich, London, NY.

Manuel Rocha Iturbide. (2000). Qué es el arte sonoro. 29 de febrero de 2016, de Manuel Rocha Sitio web: http://www.artesonoro.net/artesonoroglobal/QueEsElArteSonoro.html

Manuel Rocha Iturbide (2004). La instalación sonora. Revista Curare. Enero Julio, número 23. México DF.

Villalobos Herrera, Álvaro; Ortega Salgado, Cynthia. Formas de interculturalidad en el arte: hibridación y transculturación Ra Ximhai, vol. 8, núm. 3, septiembre-diciembre, 2012, pp. 33-47. Universidad Autónoma Indígena de México. El fuerte México.

 

[1] Un hercio representa un ciclo por cada segundo, entendiendo ciclo como la repetición de un suceso. La magnitud que mide el hercio se denomina frecuencia y es, en este sentido, la inversa del período. Un hercio es la frecuencia de una oscilación que sufre una partícula en un período de un segundo. Información extraida de Wikipeida: https://es.wikipedia.org/wiki/Hercio

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