Las ciudades creativas: la fuerza de concentración.

El premio Nobel de economía Robert Lucas escribió en 1988 que “si únicamente pudiéramos tener en cuenta la lista habitual de fuerzas económicas, las ciudades tendrían que desaparecer”. Al fin y al cabo, nos recuerda Lucas, “el terreno es mucho más barato fuera de la ciudades que en ellas”.

¿ Por qué tanto las empresas como las personas no se han trasladado en masa donde los costes son sustancialmente menores? ¿ por qué se paga el alquiler en Manhattan o en el centro de Chicago, si no es, precisamente, para estar junto a otras personas?

La ubicación a la primera línea del debate sobre las fuerzas subyacentes al crecimiento económico. Identificó la potencia económica subyacente de la fuerza de concentración, que es la concentración de personas y de productividad, de habilidades creativas y de talento que impulsa el crecimiento económico.

Las megarregiones son las verdaderas unidades económicas que hacen avanzar al mundo. Lucas afirmó que esos sistemas geográficos organizados de producción y de mercado, donde se acumulan seres humanos y talento, ofrecen beneficios económicos y sociales que otros lugares no pueden ofrecer.

En 1776, Adam Smith publicó La riqueza de las naciones, donde afirmaba que el aumento de la división del trabajo, también conocida como especialización es la principal fuente de prosperidad: cómo diez trabajadores, cada uno de ellos especializado en una tarea, puede producir muchos más alfileres que diez trabajadores que trabajen de manera independiente.

David Ricardo, elaboró la teoría de la ventaja comparativa donde describe la ventaja relativa que un país tiene sobre otro en términos de recursos y de capacidad productiva, lo que pone a ambos en posición de beneficiarse del comercio: digamos que el país A es un excelente productor de tela, mientras que el país B destaca como productor de botones. Para que ambos países puedan fabricar camisas con relativa facilidad ( y a bajo coste ) deberían comerciar. Pero ¿qué sucede si el país A tiene una ventaja absoluta, es decir, que puede fabricar tanto tela como botones, mientras que el país B sólo puede producir botones? Comerciar aún tiene sentido, afirma Ricardo, porque el país A le sigue conviniendo centrarse en dedicar tiempo y mano de obra a fabricar los productos que el país B no puede producir. De ese modo, el país A obtiene mayores beneficios fabricando tela ( que puede vender para obtener botones del país B) que si hubiera dedicado parte de su capital y de su mano de obra a fabricar botones.

Hasta mediados del siglo XX, la teoríaa imperante afirmaba que más mano de obra más capital equivalían a economías mayores.

Joseph Schumpeter propone que la innovación y la capacidad emprendedora – no sólo las economías de escala y la especialización – las que impulsan el crecimiento económico y dan lugar a lo llamó temporales de creación destructiva, que destruyen los sistemas establecidos y los sustituyen por nuevas empresas e industrias. Admitía que mejorar lo ya existente es importante, sostenía, también, que no se podía subestimar el valor de crear algo nuevo por completo.

En 1957, Robert Solow expandió la teoría de Schumpeter: el crecimiento por trabajador estadounidense es atribuible al progreso económico, que contribuye al capital y la mano de obra sean más eficientes. En el esquema de Solow, no hay lugares concretos con ventajas tecnológicas permanentes, aunque algunos pueden tener ventajas a corto plazo. Su tesis implica que los frutos de la tecnología fluyen con libertad en el espacio.

1980 y 1990, Paul Romer comentó que el crecimiento no es una entidad exógena del sistema, sino que la riqueza económica se crea cuando, a partir de los recursos existentes, se hacen nuevos descubrimientos. El conocimiento técnico no se produce fuera del sistema para luego aplicarse sobre él; se genera desde dentro, mediante procesos que crean nuevas ideas y conocimiento que, a su vez, llevan nuevas tecnologías y a información útil:

El crecimiento económico aparece cuando se mejoran las recetas, no cuando nos limitamos a cocinar más.

Básandose en la esencial contribución de Jacobs. Lucas declaró que los efectos multiplicadores que surgen de la concentración de talento son el determinante principal del crecimiento económico.

Cuando las personas, en especial las creativas con talento, se juntan, las ideas fluyen con mayor libertad y, en consecuencia, tanto el talento individual como el conjunto crecen de forma exponencial: el resultado final es más que la suma de sus partes. La concentración hace que seamos más productivos, lo que, a su vez, hace que el lugar en que vivimos lo sea aún más, por lo que la creatividad colectiva y la prosperidad económica crecen en consonancia. Las personas con talento y con niveles educativos elevados se concentran en regiones concretas, por lo que la ubicación del trabajo cada vez se concentra y especializa más. Según la teoría, cuando las personas se juntan en la ciudades, su productividad aumenta, por lo que el coste de la vida aumenta inexorablemente en esos lugares generando el aumento de alquileres. Al final las comunidades y las personas se clasifican en función de una jerarquía económica.

No es la especialización la que impulsa el crecimiento económico, sino la innovación, que procede de fuentes diversas:

La diversidad, del tipo que sea, que generan las ciudades se basa en el hecho de que en las ciudades hay muchísima gente junta, con gustos, habilidades, necesidades, inquietudes y productos completamente distintos.

Las ciudades no se limitan a aumentar de tamaño, sino que se vuelven multifacéticas y diferenciadas, y, al hacerlo, ellas, y no las empresas, son el origen de las nuevas innovaciones que generan nuevo empleo y nuevas ramas industriales. Según Jacobs, la ciudad es un ecosistema complejo que se autogestiona y cuya forma no puede predeterminarse o controlarse desde el exterior. Su diversidad es la verdadera fuente de innovación y de crecimiento económico.

A diferencia de los organismo biológicos, que se frenan a medida que crecen, las ciudades se vuelven más ricas y más creativas cuanto mayores son. Escala superlineal: Casi para todas las medidas, cuanto mayor es la población de una ciudad, más innovación y más riqueza por persona se crea. Esta aceleración es producto de la fuerza de concentración, un componente clave de las mejoras en la productividad generadas por la concentración de personas con talento.

La acumulación de talento humano y de mano de obra conduce a un aumento de la productividad y de la creatividad, y hemos visto que el crecimiento de las ciudades se impulsa desde su interior. Robert Axtell junto con el autor del libro generaron modelos que explicaran como aparecieron en un principio esas ciudades:

  1. Las personas pueden decidir cuánto quieren trabajar, que son diferentes y que algunas trabajan mucho, mientras que otras trabajan menos. También pudimos inferir que preferimos pasar el tiempo haciendo cosas distintas, y que no todos escogemos aprender las mismas habilidades o trabajar con igual intensidad.
  2. Tal y como sucede en el mundo real, establecimos que las personas más trabajadoras y capaces estarían juntas, al menos al principio. Esas empresas eran las que tenían más probabilidades de crecer, mientras que las empresas que emplearan a personas menos productivas languiderecían y acabarían pereciendo.
  3. Asumimos que las empresas productivas se verían atraídas por ubicaciones igualmente productivas. Los lugares que acogieran las empresas dinámicas crecerían, mientras que los lugares que no, declinarían.

El crecimiento económico de nuestro modelo sigue una ley básica de apego preferencial en la que las personas capaces y productivas atraen a más personas capaces y productivas. A medida que se unen para crear empresas, esas unidades organizacionales creativas empiezan a desarrollar nuevas ideas y productos. Y, a medida que esas unidades crecen, atraen a más agentes trabajadores y productivos.

En un modelo dinámico diseñado para emular el mundo real. Las personas trabajadoras, valientes y creativas se unen para formar nuevas empresas que se trasladan a ubicaciones determinadas. Algunos de esos puntos de destino crecen y prosperan, siempre que puedan retener el talento; otros, sin embargo, se disuelven.

Las megarregiones traerán consigo todo tipo de retos, nuevos y exacerbados. A medida que las tasas de innovación y de migración se aceleren , podemos esperar que cada vez se concentren más funciones clave en las principales megarregiones del mundo. Y la distancias económica y social entre las megarregiones que ostenten el liderazgo y las ciudades que queden rezagadas será cada vez mayor. Las megarregiones se congestionarán más y se volverán más caras, por lo que aumentará la segregación económica.

La economía mundial del futuro se conformará, con toda probabilidad, alrededor de aún menos megarregiones y centros especializados, mientras que cada vez más lugares verán como empeoran sus destinos y tienen dificultades hasta para mantenerse en el campo de juego.

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