Los objetos rápidos y furiosos

Texto para concursar y asistir el curso impartido por Christlieb en la facultad de Artes de la Uaemex.

¿Qué sucede cuando los objetos lejanos son aquellos que están separados del sujeto y cuyos contornos están definidos? Los aviones son los objetos técnicos más seguros que existen porque exigen una atención por parte de los pilotos en pleno vuelo. Cabe señalar que, el piloto es un profesional capacitado para manejar esos grandes objetos. Yo, simplemente: no puedo. Y ni qué decir de las reparaciones de los vehículos en pleno siglo XXI. Ya ni siquiera vale la pena abrir la tapa para chequear alguna falla, pues “no se ve nada”. El motor se encuentra protegido por una carcasa que no permite su acceso. Vienen equipados con un computador a bordo que controla las indicaciones en el tablero. Sólo el servicio técnico autorizado puede realmente hacer una reparación chida.

En este sentido, Zinna habla sobre la desorientación y desconcierto ante la llegada de los objetos electrónicos[1]. El problema radica, según Zinna en que, cuánto más se mejore un automóvil menos sabremos cómo conducirlo. Incluso, las películas de rápido y furioso exaltan la sensación de estar al volante: libertad y excitación. ¿Qué pasa con los carros de nuestra época? No se escucha – en algunos – el rugido del motor, ni la aceleración agresiva cortando el viento, ni la fuerza aplicada sobre la carretera para tomar una curva. El auto contemporáneo – los nuevecitos pue – corrige con ayuda de dispositivos electrónicos toda sensación que pueda ser considerada “incómoda” para el conductor. La conducción es suave y limpia. Las cajas automáticas de los vehículos ya no son las cajas de un volcho amigable: un golpecito y funcionando hasta pal gerundio.

Esto conduce a la paradoja de que puede existir un objeto cercano como los automóviles de Dominic, en contraposición con los carros computarizados cuya persona promedio sabe que funcionan a partir de agua y gasolina: yo, por ejemplo. Los personajes de rápido y furioso viven la experiencia, según Christlieb, de los objetos cercanos; aquellos que tienen un valor sentimental; sus contornos son ambivalentes; el sujeto queda incluido en ellos; uno es parte del objeto y el objeto es parte de uno y, por lo tanto, uno mismo en relación de su objeto es un mundo entero[2]. Es decir que, los rápidos y furiosos llenan sus autos de emociones, sentimientos y tensiones concentrados en estos. Los carros se convierten en inductores de individualización[3], puesto que Dominic puede ser entendido como un ser técnico dotado de una fuerza dinámica para transformar los autos en verdaderas máquinas de guerra.

Por otro lado, Simondon plantea que la técnica es la capacidad mental de resolver problemas planteados por el medio en forma de estructura. Y que el dinamismo que manifiestan los objetos técnicos son un reflejo del dinamismo mental[4]. Si el carro de Dominic funciona es porque su cerebro pudo funcionar de igual manera anticipando el peligro al interior de la película. Si la técnica es la posibilidad de resolver problemas planteados por el medio, entonces el objeto técnico puede ser considerado como un individuo técnico que condensa una parte de las fuerzas y de la energía que lo han originado; que han sido transferidas a él en el proceso creativo, y que todavía pueden activar nuevos devenires. A esta definición Simondon la llama: gérmenes de realidad preindividual. En efecto, el carro de Dominic podría considerarse como un actor de Hollywood y al menos: cobrar regalías.

A partir de la historia de Rápido y furioso, es necesario recordar que tal vez ya no sea tan fácil como antes reparar un motor de un vehículo o manejar un avión pero si podemos encontrar personas dispuestas a compartir todo el conocimiento que poseen a través de blogs, chats, comunidades virtuales, redes sociales, etc. Internet puede considerarse una interfase enactiva, en el sentido que permite la manipulación de la información en tiempo real y la disposición de esta sin necesidad de tener que esperar publicaciones periódicas en papel o en otro formato. Juan Ignacio Vicentin, citando a Scolari, comenta que:

Etimológicamente enactuar “significa tanto representar como actuar o, en otras palabras, ver y hacer al mismo tiempo”. Como afirma el mismo Scolari, la principal característica de “los dispositivos enactivos de visualización de la información es la integración de representaciones dinámicas y acciones dentro del mismo ambiente[5].

Esta posibilidad de retroalimentar la fuente de información con datos de primera mano por parte de los usuarios, es otro factor que determina que los procesos que ocurren a partir de virtualizaciones puntuales puedan ser actualizados en línea. La simultaneidad que se establece de este modo afecta nuestra relación con los objetos, y por lo tanto, expande la posibilidad para edificar conceptos. En una expresión: ¡no manches ai goei¡ Pero, ¿Qué sucede cuando los objetos se convierten en lejanos y cercanos al mismo tiempo? Los objetos electrónicos se han convertido no sólo en superficies de inscripción, pantallas planas en las que se exponen textos e imágenes en estructuras de códigos sino que asisten al espectáculo constante del signo: a su modificación, intervención y capacidad de actualización. Los inductores de individualidad acompañados de los gérmenes de pre-individualidad nos dicen que nuestra relación con los objetos es igualita que la película: The Matrix (pongan en su mente, la escena épica de balazos, el rescate de. Morpheus)

El objeto es constantemente actualizado, para emplear la expresión de Pierre Lévy en su libro ¿Qué es lo virtual?[6]. Texto en el que el autor explica que, la virtualización, lejos de ser un fenómeno reciente, es el proceso que ha acompañado a la humanidad en su evolución. Virtualizar es ser capaz de encontrar la problemática general que encierra un fenómeno. Virtualizar es crear, es desplegar la capacidad inventiva que acompaña al ser humano desde que el primero de nuestros antepasados fue capaz de producir una herramienta tallando un pedazo de silex. Actualizar, en cambio, es poder traer al presente, ejecutar la función concentrada en el objeto de la virtualización. Pero la actualización no implica simplemente una práctica, también conlleva reformas, mejoras, modificaciones. Lévy dirá que el martillo fue virtualizado pocas veces a lo largo de la historia de la humanidad, pero que es actualizado millones de veces cada que alguien lo emplea.

Los objetos electrónicos que intentan emular objetos análogos en una pantalla digital son amplificados y turbo-retro-duper-huber expandidos. Los programas son actualizados por los destinatarios, pueden confrontar las prestaciones que ofrecen los sistemas con las propias necesidades, remitiendo al programador las inquietudes, sugerencias y expectativas que hacen que el programa sea eficiente. Si en el llamado objeto lejano el sujeto está a una distancia considerable y en los objetos cercanos uno se encuentra en un mundo entero: el documento en OpenOffice emula una hoja y cambia mi percepción con los objetos porque el ordenador hace evidente el velo, el código, el lenguaje con el que se edifica el software de código abierto. El software de licencia es otra historia. Sin duda, el lenguaje no está vivo, ni siente ni piensa pero las personas formamos parte del lenguaje que pronunciamos. Por eso lo interesante del lenguaje, es lo que decimos y hacemos a cada momento.

Sobre esto, Bernard Stiegler, en su ensayo Anamnesis e Hipomnesis[7] dice que la memoria humana es desde el origen exteriorizada, es decir, que es técnica desde sus inicios. Para el filósofo francés la memoria se ha convertido en el elemento fundamental del desarrollo industrial, y los objetos cotidianos son más y más soportes de memoria objetiva, es decir también formas de conocimiento. El llamado de atención que nos hace el autor se centra en que hoy estas formas tecnológicas de conocimiento engendran a su vez una pérdida del mismo:

Estamos en constante relación con aparatos mnemotecnológicos de todas clases, desde la televisión al teléfono, incluyendo el computador y los sistemas GPS. Hoy, las tecnologías cognitivas, a las que confiamos cada vez mayor parte de nuestra memoria, van haciéndonos perder una también cada vez mayor parte de nuestro conocimiento[8].

Todo parece indicar que existe el riesgo de que la hipomnesis, que es la memoria muerta exterior, termine debilitando a la memoria viva interior. Además, el peligro se encuentra en la apropiación que del conocimiento puedan hacer las llamadas industrias de servicio, que terminarían siendo las grandes depositarias de la información: ¿en manos de quien reposa este saber, específicamente cuando se trata de información que es almacenada y que comienza a circular por las redes electrónicas?.

Es un duro golpe al humanismo clásico, pues el ser humano termina haciendo parte de un sistema integrado en el que sus partes están en estrecha correlación con el propio universo artificial que le ha servido de soporte desde el comienzo de la hominización: ¿no?. La discontinuidad que se establece con el auge de las nuevas tecnologías radica fundamentalmente en la posibilidad de confiar nuestra memoria a los objetos electrónicos; de realizar un acople con ellos, de establecer un funcionamiento sinérgico. Por este camino algunos objetos dejan de ser vistos simplemente desde el congelador de una división dual, para pasar a ser considerados como una expresión de lo humano, que contiene lo humano en sí mismo.

En efecto, la salida que plantea Stiegler es la de entender que Internet se propone como un entorno hipomnésico asociado. Es hipomnésico porque hace parte de los dispositivos epifilogenéticos, es decir que es producto de la técnica y que no hace parte de un soporte de memoria vivo; pero a su vez, es asociada a los entornos técnicos, lo que permite una salida electrónica al mundo de los humanos. La hipomnesis aquí alcanza un estadio diferente, al estar asociada a un entorno técnico en un proceso del devenir continuo. El objeto técnico, los autos de los rápidos y furiosos, poseen cierta autonomía, pero relativa. Ésta se puede adaptar, pero no puede cambiar su estructura. El auto no incorpora a su estructura la información que adquiere, pues no posee medio interior. Además no se pueden rebelar como un esclavo; ya que éste conserva una inalienable individualidad. La rebelión implica una transformación de las conductas, un cambio de plan, de fin, y no una simple película de acción.

Para finalizar, es importante señalar que los objetos técnicos no producen ni almacenan una memoria pues no la propulsan, no son el motor de la misma. Por un lado, la materia organizada (M.O.); término que hace alusión a lo que Stigler llama: lo inorgánico organizado; no es otra cosa que la técnica misma exteriorizada en objetos, herramientas, máquinas. La organización materializada (O.M.), consiste en el verdadero generador de la memoria, son los grupos humanos los encargados de hacer pasar los objetos. Debray afirma: “lo que se entiende es que los objetos técnicos por sí mismos no tendrían la capacidad de inducir ningún proceso de transformación en los sujetos. En el caso de las máquinas, su función es la de servir de vehículo a una información, pero ellas por sí solas no dirían nada. Son un puente entre los sujetos pues el contenido que transportan no sería distinto al puramente lingüístico”[9]. En síntesis, la idea de que los objetos sean el resultado de una memoria humana implica que nosotros formamos parte de un devenir cultural cuya materialidad son nuestros medios técnicos en función de las relaciones con el mundo y nosotros ante todo introducimos variaciones, rectificamos, alteramos, transformamos. Los objetos electrónicos hacen visible el velo de nuestra relación con el mundo.

[1] Zinna, Alessandro, “L’objet et ses interfaces”, Rivista dell’Associazione Italiana di Studi Semiotici on-line. El texto aparece en francés en la versión en línea. Traducción libre de las citas y referencias. http://artsplastiques.ac-bordeaux.fr/architecture/paf_2007/zinna_9_10_04.pdf.

[2] Pablo Fernández Christlieb (2003). Los objetos y esas cosas. Primera edición, marzo de 2003. El financiero, México. p, 117.

[3] “Técnica, memoria e individuación: la perspectiva de Bernard Stiegler”, Logos. Anales del Seminario de Metafísica, 37, Madrid, Universidad Complitense de Madrid, 2004, p. 353.

[4] Simondon, Gilbert, El modo de existencia de los objetos técnicos, Buenos Aires, Prometeo, 2008.

[5] Visentin, Juan Ignacio, El papel de las interfaces en la generación y transmisión de conocimientos dentro de una organización, Flacso, 2004, http://www.reddircom.org/textos/visentin.pdf. El libro mencionado es: Scolari, y March, Jaume, Hacia una taxonomía de los regímenes de info-visualización, AIPO, Universidad de Lleida, 2004.

[6] Levy, Pierre, ¿Qué es lo virtual?, Barcelona, Paidós, 1999

[7] Stiegler, Bernard, Anamnesis e Hipomnesis. Platón como el primer pensador de la proletarización, Paris, Centre Georges Pompidou, Bochumer Kolloquium Medienwissenshaft Rurh- Universität Bochum, enero 30 de 2008, trad. Jorge Echavarría Carvajal, julio de 2009, p. 1.

[8] Stiegler, Anamnesis e Hipomnesis, p. 4.

[9] Debray, Régis, Introducción a la mediología, Barcelona, Paidós, 2001.

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