Los múltiples paisajes del sujeto urbano a partir de las huellas trazadas por la ciudad en su devenir de una construcción y deconstrucción constante de identidad cultural.

Los múltiples paisajes del sujeto urbano a partir de las huellas trazadas por la ciudad en su devenir de una construcción y deconstrucción constante de identidad cultural.

Autosistémica. Función de interacción por parte del sujeto.

La investigación intenta resignificar los límites del espacio de la ciudad: el estrecho vínculo de lo urbano y sus diferentes maneras de apropiarse de ella. Cuando se sale de una calle y se entra a la otra, la falta de conexiones físicas entre una colonia y otra, al igual que la falta de conexiones entre las características de las ideas u objetos nombrados por las diferentes ciudades, hace visible la artificialidad de cualquier intento de “darnos la ciudad”, de volvernos toluqueños, sin importar el nivel de familiaridad que se experimente a través de nuestras múltiples apropiaciones para representar la ciudad.

Foucault analiza el pasaje de Borges sobre “cierta enciclopedia China”, el emporio celestial de conocimientos benévolos y su clasificación de los animales: “en sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación h (i) que se agitan como locos, (j) innumerables (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello (l) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas”(Focault, 2005, p. 98 ).

Este ejemplo es una introducción perfecta para la semiótica, la exploración que hace Foucault de la historicidad de los sistemas organizadores que posibilitan el conocimiento. Según Foucault, el humor de la enciclopedia china de Borges depende de la arbitrariedad de las categorías pero aún más de la lista no es la manera en que se agrupan los animales; es más bien la escasa distancia en que están yuxtapuestos.

Las categorías pueden ser cómicas o útiles a la vez, pero las relaciones entre ellas no se refieren a la realidad de ninguna forma. Este vínculo imposible, dice Foucault, es “ el no-lugar del lenguaje”; no pertenece al espacio, a lo físico, ni a las mismas categorías que pretende analizar.

Para la semiótica muchos códigos de percepción se usan para saber que se está en una colonia distinta: los aromas, la vestimenta, los negocios, los estilos arquitectónicos, los carteles, la música, etc. Pasar en un diccionario de A a B, si se es un lector ideal según Cortazár, de A a Q, significa dar un salto metafísico.

Esta observación parece totalmente fuera de lugar en el contexto de un proyecto dedicado a un lugar en específico, a una geografía de la experiencia en la ciudad en un momento histórico concreto. Irónicamente la estructura vertebral de una producción de objetos que supuestamente expresan la experiencia de vivir en la ciudad representa una desterritorización radical de esa experiencia.

El protagonista de “Funes el memorioso” no tiene la capacidad de olvidar nada. No puede generalizar, lo cuál prohíbe la simbolización necesaria para el lenguaje y el pensamiento mismo. El segundo ejemplo es el mapa perfecto en “Del rigor a la ciencia”, un mapa que representa el mundo sin las abreviaciones, las generalizaciones y el olvido espacial, que son necesarios para cualquier representación:… En aquel imperio, el Arte de la Cartografía logró tal perfección que el mapa de una sola provincia ocupaba toda una ciudad, y el mapa del imperio, toda una provincia… ( Borges, 1974, p, 120)

El mapa exacto del mundo tendría que tener el mismo tamaño y los mismos contornos del mundo real. Por ende, no podría ser leído como un mapa. Los dos ejemplos de Funes y el mapa ilustran el dilema. Si la realidad en tres dimensiones se reduce por completo al “no-lugar” del lenguaje, se pierde la capacidad de hacer referencia al mundo; pero si la realidad se impone completamente en el lenguaje, éste pierde capacidad de generar sentido, que es una operación del olvido y de la organización perpetua.

Al organizar la producción realizada a través de estructuras teóricas se produce un acceso peculiar a la experiencia urbana. Esa relación produce un mundo limitado y posible de explorar. Podemos cruzar una calle para salir de una colonia y entrar en otra, pero sólo los documentos oficiales de la planificación urbana y los títulos de propiedad definen la frontera precisa de un lugar a otro.

El sujeto que siempre desea instalar un orden, sea éste en que se decodifica, el orden en que debe ser interpretado, o el orden impuesto por la autoridad. El proyecto busca trascender lo espacial para crear una experiencia afectiva que borre limitaciones y las fronteras geográficas.

La arbitrariedad de la producción introduce otro tipo de relaciones espaciales para hacer que se posibilite la construcción de la ciudad a través de cierto grupo de objetos presentadas en una configuración que no concuerda con las relaciones entre los objetos o situaciones presentadas en las representaciones ya producidas.

Lo que distingue según Biron (2012) al lenguaje de todos los demás signos y le permite desempeñar un papel decisivo en la representación no es tanto que sea individual o colectivo, natural o arbitrario, sino que analice la representación según el orden necesariamente sucesivo: los sonidos, en efecto, sólo pueden ser articulados uno a uno. Un lenguaje no puede representar al pensamiento de golpe o en su totalidad; es necesario que lo disponga parte a parte según su orden lineal (p. 160).

Se podría decir entonces que la investigación, se inmiscuye en el proyecto semiótico para hacerme decir la verdad, pero que esa verdad es sobre nosotros, sobre el sujeto en su potencialidad de apropiarse de su realidad y no sobre la ciudad. Como lugar multidimensional con múltiples escalas y como conjunto de percepciones y trayectorias, la ciudad se resiste a ser representada.

Sólo se puede representar los códigos, valores, estéticas con los cuales intentamos experimentar la ciudad como un universo que nos cobija. Mientras más la queremos o mientras más nos asombra, más la traducimos y trasladamos al “no-lugar del lenguaje”. La pregunta no es, entonces, qué le pasa a la ciudad real, sino que formas pueden tomar las estructuras del pensamiento.

La investigación surge de la idea de hacer una producción sobre la experiencia de vivir en el Estado de México. Los habitantes que rodean una de las urbes más grandes del mundo estamos expuestos a un inagotable devenir de estímulos de todo tipo. Frente a tal cantidad de información aleatoria, la producción se convirtió en el motor principal que acciona la investigación.

Todos los componentes del proyecto, en su conjunto, intentan reproducir la diversidad de la ciudad a través de una experiencia multidimensional con elementos teóricos, pero más que representar la ciudad, el proyecto se basa en la creencia de que la acumulación libre y la libre asociación de ideas e imágenes pueda producir o reproducir la experiencia de vivir en la ciudad de Toluca. Para esto se apela a la semiótica.

Identificación del problema.

Introducir al sujeto dentro de modelos semióticos enfocados al proceso de construcción de identidad a partir de la apropiación en la ciudad; los objetos no son objetos creativos en el mundo, sino un campo representacional creativo que se integra a una conciencia de realidad desde ciertas aproximaciones interpretativas. La investigación consiste en proporcionar múltiples herramientas teóricas y prácticas al momento de construir el concepto de individualidad y colectividad a través de objetos que dialoguen entre las fronteras de lo propio y la cultura.

Macrosistémico: integración disciplinaria.

Pensamiento complejo del signo.

Abordar el tema de la cultura es pensar en la manera de transmitir un pensamiento abierto y móvil que, con la corta delimitación corporal que lo limita pueda dibujarse en distintos campos representacionales para abordar la identidad del sujeto desde un campo de producción sujeta a la demanda y al deseo de su propia identidad. Los estudios de las más diversas formas de interacción comunicativa se reconocen en el marco de una ciencia llamada semiótica o semiología, aunque esta última denominación es equívoca (Barthes, 1976, p. 202).

La cultura contemporánea se desarrolla en una nueva dinámica sustentada en la expansión de sistemas informáticos y la multiplicación de códigos específicos; bajo este parámetro, la significación y la comunicación constituyen un desplazamiento epistémico en la fundamentación y transmisión de conocimiento: los ejes de realidad y verdad de la lógica binaria se transforman en función de interpretación relativa.

El epistemólogo Herman Parret, citando a Otto Apel, propone tres paradigmas sucesivos en la historia del pensamiento humano, el primero antológico ( (filosofía del ser), correspondiente de manera general a la filosofía griega: el segundo epistémico (filosofía del conocer), del cual es prototipo Emmanuel Kant; y el tercero, semiótico (filosofía de significar) correspondiente a la época contemporánea, que ubica la teoría del signo y la significación como eje organizador de pensamiento.

Es importante indicar que la aparición de un nuevo paradigma no anula la función del anterior en el ámbito de la cultura. Nos enfrentamos frente a una complejidad paradigmática.

La semiótica tiene una nueva función reflexiva que, desde una concepción metadisciplinaria, no niega la validez ética, significativa o funcional de los diferentes sistemas disciplinarios, sino que analiza la manera en que estos construyen y organizan el conocimiento para encontrar conjunciones paradigmáticas aplicables.

Este modelo en una de sus vertientes, propone un sistema triádico donde el signo es entendido no sólo como un elemento estabilizador de la relatividad del conocimiento, sino como una función integradora entre el mundo y el sujeto, en donde sólo bajo la interpretación móvil de los desplazamientos de la verdad, es posible entender una realidad siempre en vías de transformación. Esta función relativa se incorpora perfectamente a la ruptura lógica binaria planteada en la discusión filosófica y cultura contemporánea.

La semiótica podría definirse, de manera informal, como una suerte de ciencia que estudia las diferentes clases de signos así como las formas que gobiernan su generación y producción, transmisión e intercambio, recepción e interacción.

Para Mayol (2011) su estudio responde por tanto a la capacidad innata de los seres de comprender y producir signos de todas clases; desde los que comprenden sistemas psicológicos hasta aquellos que revelan una estructura sistémica-social altamente organizada. La actividad en que algo funciona como signo; es decir, que “representa algo para alguien”. El carácter teórico de esta disciplina se funda en la categoría de ‘signo’, el objeto semiótico por excelencia, sobre cuya naturaleza se ha discutido desde la segunda mitad del siglo pasado (p. 11 ).

Podría denominarse semiósis y es en el ejercicio de la misma, en una interacción múltiple y móvil donde se constituye la conciencia de un universo estabilizado y cambiante. Los objetos producidos durante mi estudio del doctorado serían una suerte de múltiples desplazamientos; resultado de la búsqueda por representar el campo emocional de los paisajes de la ciudad.

Si bien la presencia de la semiótica se vislumbra en diferentes pensamientos a través de la historia y toma un cuerpo estabilizado en nuestro siglo, siempre ha llevado un ámbito nebuloso en su aceptación o ha sido considerada como una sofisticación analítica.

Las principales dificultades para ubicar su presencia han sido: primero, que el hombre naturaliza y se naturaliza en los signos al grado de integrarlos y vivirlos como función transparente de la percepción del universo. Segundo, la tendencia metodológica moderna de suponer que las ideas se representan a sí mismas; en este sentido los signos no son entendidos como una forma de representación del mundo sino como actitudes verdaderas en la construcción de la realidad.

La división disciplinaria ha creado una consciencia de universos independientes que acusan su verdad en el ejercicio de su propio poder significativo. De ahí que muchas metodologías del conocimiento presuponen un saber determinante y no aproximativo. La toma de posición respecto de las distintas conceptualizaciones de la noción de signo, ha originado tendencias, escuelas, cuyas diferencias específicas se basan en determinaciones que han creado referentes teórico-metodológicos no sólo diferentes sino contradictorios.

Por tanto, existen varias teorías semióticas que pueden distribuirse entre dos que funcionan como polos: la que pone el énfasis en los objetos y su consiguiente sistematización. La otra, en cambio, es una teoría de la semiósis social, esto es, de las relaciones de producción, circulación y reconocimiento de las prácticas significantes de cualquier reproducción social.

La teoría general de la semiósis para Gainzá (1996) parte de la comprensión de que los comportamientos de interacción e intercambio entre los seres humanos, esto es, sus prácticas significantes, se efectúan siempre en la reproducción social. Son procesos que tienen lugar en una realidad sociohistórica dialécticamente construida por las relaciones de producción semiótica y las fuerzas productivas semióticas al interior de una formación económico-social:

“Esa realidad sociohistórica se expresa en la noción de semiósis social, constructor que puede comprenderse como un espacio posible en el que se entretejen las redes sociales de sentido. En la producción social, la semiósis es el proceso en el que se realiza la programación de los comportamientos semióticos, que consisten en hacer de todo individuo un sistema-histórico-psicofísico-de-intercambio-semiótico. Los procesos históricos de producción de referentes de herencia e identidad culturales en que intervienen los actores de toda formación social, tienen carácter sígnico y, por lo mismo, están necesariamente vinculados con la semiósis” (p. 5).

La multiplicidad de objetos y relaciones que constituyen lo que convencionalmente se llama la cultura de un colectivo humano, por muy distintos que sean o lo parezcan, tienen un rasgo común ineludible: todos ellos son elaboraciones de diferentes procesos semióticos: son “representaciones”, en un sentido amplio del término.

Dicho de otro modo, los objetos y relaciones culturales son productos simbólicos codificados con unos sistemas sígnicos específicos, caracterizados por su capacidad modelizante y secundaria.

En este sentido, suponer un pensamiento semiótico único sería limitar sus posibilidades. En la actualidad contamos con una gran variedad de aproximaciones metodológicas. El Mtro Deely nos dice: “Un método después de todo implementa un aspecto o aspectos de un punto vista; por cierto, la implementación sistemática de algo sugerida por un punto de vista es prácticamente en lo que consiste un método. Pero un punto de vista que puede ser completamente implementado por un único método sería, con todo, un punto de vista muy estrecho” ( Efland, 2003, p.45 ).

Muchas son las posibilidades aproximativas de la visión semiótica, por decir algunas: la máquina pragmática de Peirce, la derivación sintáctica, semántica, pragmática de Morris, los planteamientos del Grupo Mu, las lógicas lingüísticas duales de Saussure, Barthes y Hemjslev, el concepto intertextual de Eco y Calabrese, la teoría del secreto de Fabbri, la semiosfera de Lotman, las aproximaciones biológicas de Sebeok, la semiótica de las pasiones de Greimas y Fontanille plantean que el sujeto es capaz de interrumpir y de desviar su propia racionalidad normativa para iniciar un recorrido pasional o incluso acompañar al primer recorrido perturbándolo con sus pasiones discordantes; una semiótica que contempla el sentir al interior de una cultura.

A partir de esto, Mayol en su propuesta como introducción al campo semiótico afirma que podemos plantear, basada en una propuesta de Edgar Morin, “una nueva concepción de método semiótico, no como un programa a seguir, sino como un conjunto de estrategias que constituyen una dinámica compleja, misma que no solamente interactúa en diferentes aproximaciones de un cuerpo de saberes sino dentro de todos los campos del conocimiento”. Todos los métodos de todas las disciplinas, bajo todas las modalidades de simplificación y complejidad, están constituidos en el campo de la semiósis.

Siguiendo con la misma idea, Morris plantea a este respecto que la semiótica tiene un campo de estudio específico pero que también es un instrumento de la totalidad de las ciencias puesto que cada ciencia utiliza y expresa sus resultados por medio de signos. Esto nos ofrece tres aproximaciones a la semiótica:

  1. La semiótica teórica que tiene como tarea fundamental definir las primeras nociones, los conceptos básicos como son signo, sistema, representamen, interpretante, etc.
  2. La semiótica descriptiva que plantea la descripción de situaciones comunicativas como describir frases, actos lingüísticos y no lingüísticos, secuencias de sonidos, imágenes.
  3. La semiótica aplicada que como modelo interdisciplinario concibe la enorme cantidad de aplicaciones a diferentes ámbitos disciplinarios: arte, ciencia, filosofía, etc. ( Morris, 1999, p. 129-140)

El método o los múltiples métodos son un intento por construir desde el campo de la producción, y en especial al de la investigación; implica entender este proceso complejo donde pueden ser utilizados diferentes modelos de aproximación que van creando en la consciencia del sujeto una o múltiples estrategias para entender la relatividad de la vivencias sensitivas y culturales, las reconstrucciones expresivas-fenómenicas y su relación con un campo cultural social: la ciudad.

La semiótica es un planteamiento teórico que se inicia a finales del siglo pasado y principios del presente, tanto en el pensamiento sajón con Charles S. Peirce, como con el pensamiento suizo de Ferdinand de Saussure; ambas teorías se basan en el principio de que el conocimiento y la cultura están sustentadas en un sistema constituido por elementos sígnicos representacionales. En el planteamiento de Saussure el lenguaje es el sistema sígnico fundamental del que se pueden extraer todas las categorías de análisis.

Su lógica es dual, de ahí que el signo está formado por un significado y significante. El sistema peirciano no se basa exclusivamente en el sistema lingüístico, su lógica es triádica.

Se contempla el signo dividido e integrado por 3 elementos fundamentales: el representamen comúnmente denominado signo; el objeto de lo que se refiere el signo y el interpretante que es la función interpretativa que actualiza el signo.

“Mientras en la semiótica francesa de Saussure el signo – arbitrario – está estabilizado en su función de representación lingüística, el signo peirciano es relativo y se desplaza en función de la triada”( Carreño, 2007, p.78 ). Un signo es algo algo primero que representa algo segundo para alguien tercero; pero algo que es primero puede pasar a ser segundo si otro representamen toma el lugar de primero y así sucesivamente se van constituyendo nuevos terceros, esto es, el signo es móvil, relativo y metido en la semiósis infinita.

Intersistemico oganizacional.

Función semiótica.

La propuesta de trabajo consiste en vislumbrar diferentes actos representacionales resultado del múltiple contacto del devenir con la ciudad. El sujeto al ser productor de objetos con intenciones de construcción de realidad en el campo del signo puede tener la posibilidad de construcción colectiva, siempre a partir de una deriva continua, un continuo desplazar de la subjetividad en la colectividad.

El planteamiento consiste en que la esfera de la conciencia es sígnica, así la comunicación, la información, los códigos visuales, la expresión, la lógica, la ciudad, la ropa, el modo de organizar calles, eventos cotidianos, instituciones, etc. Están basados en un fenómeno básico: la representación. Para ilustrar esta idea citaré dos definiciones del signo del propio Peirce:

Un signo o representamen, es algo que está para alguien en un lugar de algo respecto o capacidad (C.P 2228)

Un signo o Representamen, es un Primero que representa a Segundo, llamado su Objeto, en una relación triádica genuina, y que es capaz de determinar a un Tercero, llamando a su interpretante, a asumir la misma relación triádica con su Objeto en la cual represente al mismo Objeto. (C.P. 2274)

Estas definiciones ponen de relieve que la relación semiótica es triádica, que sus elementos son:

  1. Representamen o Primero
  2. Objeto (Relación con objeto) o segundo
  3. Interpretante o Tercero

El triángulo básico se puede dividir como una estructura fractal, en una gran cantidad de elementos que siempre se organizan de forma triádica. Un punto importante es que todas las relaciones se ven justificadas por una suerte de planteamiento fenomenológico, una apreciación construida por tres categorías que corresponden a modos de ser y de pensar, estas son:

Primariedad o cualidad

Segundidad o existencia

Terceridad o pensamiento

La primariedad consiste en “ser” independientemente de cualquier cosa. La cosa en sí, el noúmeno que escapa al entendimiento humano (1357), pero del cual sin embargo puede tomarse el sentimiento. A través de ella se alcanza la unidad del universo, pero más acá de lo expresable, de modo que no es más que un “posible” (1304)

La segundidad es “la concepción del ser relativo a otra cosa”. Es la categoría de la existencia, el encuentro con el hecho bruto del mundo exterior, la sensación de la reacción, la “materia”, el término de las cosas.

La terceridad es la categoría de la ley, de la convención, de la semiósis. Se identifica con el signo, que se define como toda relación triádica. Se identifica con el signo, que se define como toda relación triádica. Lo tercero es también pensamiento porque éste sólo se define como signo, esto es, el pensamiento lo es de algo exterior a él. Su objeto, a través de su objeto, su interpretante. Así entendemos que cada elemento del signo se ve afectado por las tres categorías:

El representamen se divide en: cualisigno (primero), sinsigno (segundo), legisigno (tercero).

La relación con el objeto se divide en: icono (primero), índice (segundo), símbolo (tercero).

El interpretante se divide en: término (primero), proposición(segundo), argumento(tercero).

Consiente del reduccionismo teórico que implica la síntesis de los conceptos, la relación de los tres elementos básicos representamen, objeto e interpretante, puede crear campos inmediatos y dinámicos que manifiestan el sentido propio de la transformación afirma Peirce en sus casos degenerados. Campos inmediatos, si responden a una estabilización representativa y campos dinámicos si tienden a un proceso cualitativo móvil en relación a un sujeto o a una creencia de realidad.

El representamen o signo crea la idea de un objeto y esta idea inmediata ( mediada por el signo ), se relaciona con nuestra conciencia del objeto, tal como creemos que es (creencia de realidad) que llamamos objeto dinámico. De ahí que podamos hablar de un icono como un objeto inmediato que se aparece a un objeto dinámico.

De igual manera, el representamen se relaciona con el interpretante dando un interpretante inmediato (mediado por el representamen) y el interprete lo actualiza en su banco cultural y comprobación práctica puede crear una regla de interpretación o hábito mental que es el interpretante final ( virtualmente final)

Extendiendo el planteamiento de Peirce, este interpretante final al naturalizarse construye nuestra conciencia de realidad de los objetos dinámicos que ya había mencionado con anterioridad.

Esto no quiere decir que el mundo dado, no exista o que sea inventado por las ideas, Peirce considera que su presencia es fundamental, pero que solamente puede ser comprendida semióticamente desde la terceridad del conocimiento, una suerte de idealismo realista.

  1. El representamen o Primero, toma el papel de la obra o del acontecimiento de producción de objetos; esto no lo convierte en un signo frío puesto que conserva al matiz de las categorías aplicadas en los tres elementos del representamen:
    1. Propiedades cualisígnicas, a manera de fuerzas plástico-sensibles. Ambito de primareidad: sensación.
    2. Propiedades singsígnicas, una gramática formal interior. Ámbito de segundidad: composición formal.
    3. Propiedades legisígnicas, una relación con el código estabilizado en la cultura: estilo, corriente. Ambito de terceridad: nombre común.
  2. El objeto o Segundo, toma el papel del ámbito de realidad, espacio de vivencia habitual culturalmente estabilizado
  3. El interpretante o tercero toma el ámbito interpretativo argumental, justificando las teorías del conocimiento: estética, filosofía, sociología, psicología, antropología, diseño, entre otras, y creando nuevas aproximaciones significativas: de la deducción a la abducción en la propuesta peiriciana.

La propuesta consiste en atender producciones realizadas de manera personal durante el periodo de investigación no sólo son objetos puestos en el mundo, sino son un campo representacional que se integra a una conciencia de realidad desde ciertas aproximaciones interpretativas: la ciudad es la acumulación de esas subjetividades representadas en diferentes estructuras de representación: el sentido de las calles, las instituciones, la organización de la misma ciudad, las zonas de consumo, las áreas naturales, las zonas de socialización, el uso de nuevas tecnologías, espacios públicos, publicidad insertada en diferentes formatos, entre muchas otras.

Las producciones de objetos dentro del espacio urbano están ligados a las interpretaciones dinámicas y a los objetos también dinámicos: toda interpretación dinámica devenida hábito en un determinado campo cultural modifica la ubicación de los objetos dinámicos que constituyen nuestra idea de realidad, y esta modificada realidad dinámica, demanda nuevos signos de aproximación sustentados por nuevos interpretantes dinámicos. En suma, el sujeto al estar inmerso en su producción tomando en cuenta modelos teóricos, forma parte de un proceso de reconocimiento que constituye su vivencia como un proceso de reflexión e identidad cultural.

El proyecto intenta enfatizar la experiencia corpórea a través de lo urbano conectando los objetos producidos con la actividad reflexiva. En este sentido, este proyecto se fundamenta en el desarrollo de una semiótica que investiga las múltiples escalas y variantes de la producción de significados en las ciudades.

La importancia simbólica y connotativa del entorno construido, la semiótica comprende las ideologías y las luchas de poder creadas y enmascaradas por la forma física de la ciudad; las trayectorias físicas y narrativas que se forjan en lo urbano; los imaginarios bloqueados pero también posibilitados por las calles, plazas, parques, edificios, reglamentos de construcción, documentos para la planificación, propaganda, medios de comunicación, y el discurso popular sobre la ciudad, entre muchas otras.

En contraste con las disciplinas de planificación urbana o hasta con los estudios urbanísticos más generales, la semiótica permite pensar la ciudad no solamente como un ambiente físico y construido sino principalmente como la circulación de significados y de sus efectos físicos y abstractos.

La producción de estos efectos ocurre en la intersección de ciertas categorías contradictorias: el espacio, la densidad, la vista, el sonido, el olfato, el movimiento, la historia, la perspectiva, la memoria, la economía, la política, el lenguaje, por citar algunos ejemplos.

El proyecto intenta, ponernos en la ciudad visualmente, auditivamente y lingüísticamente para reproducir la sensación simultanea de familiaridad, comicidad y enajenamiento que experimenta el habitante típico de la ciudad de Toluca y alrededores.

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