La creación como barco para navegar lo real.

El texto tiene como punto de partida resaltar la potencia de la práctica artística como situación generativa. El querer artístico tiene lugar en contraposición del determinismo en su producir que se construye a partir de la resistencia. Aquel que origina lo que no hay, deja de ser un simple receptor del pasado; en consecuencia, la historia tiene que representarlo a partir de su condición creadora. La manera de ver, que es pensar, condiciona siempre aquello que se ve: el devenir embestido por una fuerza creadora para navegar por los mares de lo real en lo simbólico, en las prácticas sociales. El arte es fundamentalmente una práctica social. La potencia de las prácticas artísticas radican en su indeterminación de sentido, es decir en la capacidad para desentenderse de las prácticas hegemónicas para proponer otros modos de ver. No sólo el artista sino todo hombre se realiza en una realidad histórico-social. Dilthey compara la práctica del artista y los fines de la vida humana: “los fines de la vida humana son fuerzas formativas de la sociedad. De manera que la figura de nuestra vida se perfila según sean los proyectos a los que nos sumamos y, por ello, la formatividad histórica no procede del ayer sino de la intención con que afrontemos todo lo incierto por venir.

No hay arte sin experimentación. No hay arte sin creadores capaces de ir a contracorriente: “forzar los códigos del género sin miedo a correr el riesgo de llegar al absurdo; explorar los territorios que han sido abandonados por las exigencias del mítico mercado desafiando el peligro de ser devorados por ellas; salirse de los caminos trillados de las ortodoxias, ya sean vanguardistas o convencionales” (Doria, 2009).

En este sentido, las acciones humanas detonaron las diferencias con que el pensamiento distingue a la historia de las ciencias de la naturaleza: ninguna idea o solución artística supone la existencia de otras que forzosamente le suceden. El devenir entendido como un proceso no lineal ni lógico sino como una cadena de significantes que se vienen sucediendo una a otra sin sentido lógico. Derivar consiste en calcular un efecto partiendo de una combinación de causas. Y este método es sencillamente incompatible con la investigación histórica, que parte, a la inversa, de los fenómenos mismos.

Ricardo Morales, José. Arquitectónica: sobre la idea y el sentido de la arquitectura/José Ricardo Morales; prólogo de Roberto Goycoolea Prado. Madrid: Biblioteca Nueva, c1999.

Doria, A. (coord.) 2009: Del éxtasis al arrebato. Un recorrido por el cine experimental español. Barcelona, Cameo Media S.L.

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