Capitalismo: signo y significación.

El presente texto intenta relacionar de manera sencilla el fenómeno de la significación y el signo ofrecido por Jean Baudrillard en su “Economía política del signo” y Antonio Caro en función de explicar el signo como un concepto primordial para entender al capitalismo como una producción de mercancías y la generación de plusvalía. La postura del arte como una estrategia que puede inscribirse con las innovaciones tecnológicas puede empujar hacia la creación de capital y hacia la creación de una sociedad diferente.

Me interesa abordar el fenómeno de las impresoras 3D en relación a los modos de hacer prácticas artísticas y su modo de participar en la lógica capitalista: la práctica artística debe seguir bajo el principio de la indeterminación, es decir lo que no coincide con otros modos de hacer. No hay que olvidar que la práctica artística ha sido el ejercicio antagónico en su disputa por el signo y por la significación. Qué tipo de practicas artísticas devienen dentro de una dimensión no representacional frente a la producción de objetos enmarcados como signos insertos en procesos tecnológicos bien definidos. Comento lo anterior, en el sentido de que estima que el mercado de impresión 3D tendrá un valor de 3 mil millones de dólares en 2018. Durante la década en curso, esta tecnología será tan común como las impresoras de inyección de tinta, según pronósticos de Global Intelligence Alliance.

La significación de la economía y financiamiento se encuentran, pues, completamente en relación. De hecho, la primera ha dado como resultado la segunda. Así, afirma Antonio Caro que: la financiarización de la economía tiene su origen en su significación […] proceso con arreglo al cual el signo de lo producido ha ido desplazando a la materia de lo producido (Caro, 2009). La tecnología ha sido precisamente uno de los principales agentes de ese proceso de significación de la economía y ha dado lugar a la producción semiótica, ya que éste ha sido el instrumento mediante el cual el capitalismo ha disimulado como productos lo que no eran sino meros signos con el objetivo de, mediante la adopción de la producción de objetos a partir del código abierto sostener las lógicas del capitalismo con la adopción de varias formas y estrategias para adherir al consumidor al mundo semiótico y de este modo reproducir el sistema ad infinitum.

Jean Baudrillard en la Crítica a la economía política del signo (1972), cuyas reflexiones sobre el trabajo de significación que da como resultado el valor/signo contribuyeron de un modo determinante a una posterior conceptualización de la producción semiótica tal como ha sido elaborada por Antonio Caro cuya cualidad ha denominado: “multifacético proceso de semiotización o producción semiótica al proceso que ha dado lugar al paso de la mercancía al signo/mercancía y que aparece como el resultado de una transformación sucedida en el interior mismo del modo de producción capitalista, es decir, al tránsito de un denominado paleocapitalismo liberal, mercantil y productivista característico del s. XIX, a un neocapitalismo del signo/mercancía” (Pine; Gilmore, 1999).

La diferencia radical entre la mercancía tal y cómo fue teorizada por Marx y el signo/mercancía reside en el hecho de que si bien en la base de la primera cabe apreciar la existencia de realidades materiales dotadas a su vez de dimensión simbólica, resulta que el segundo no es sino una nueva entidad de naturaleza directamente semiósica, es decir, alejada del producto material y que sólo resulta posible en el interior del proceso de producción semiótico(Ferrandiz, 2010). De este modo, la producción ha dejado de tener como referencia entidades reales como el trabajo, el producto o la necesidad y así, por tanto, ha perdido la inmediatez con la producción material derivando el valor del signo acorde a las relaciones en las que puede inscribirse.

Así, en primer lugar, se puede observar cómo las prácticas sociales se redefinen en el centro del mismo consumo dado que se están creando modos de producción sin la necesidad de los actores tradicionales. En último lugar, hemos asistido desde hace unos años a la aparición de los ordenadores en sus distintos lenguajes y procesos para realizar actividades en casi todos los sectores económicos. Se trata de una bifurcación entre distintos campos del conocimiento que mezclan modos de hacer, es decir, actividades que adhieren a la lógica capitalista: la expropiación de la fuerza de trabajo sobre la que se sustenta la producción de mercancías y la generación de plusvalía.

Referencias:

BAUDRILLARD, J. (1972): Critica a la economia politica del signo, Madrid, Siglo XXI, 2010.

(2009): «Introduccion: de la mercancia al signo/mercancia», en CARO, A. (ed). De la mercancia al signo/mercancia. El capitalismo en la era del hiperconsumismo y del desquiciamiento financiero, Madrid, Editorial Complutense, 17-43.

PINE, B. J.; GILMORE, J. H. (1999): The Experience Economy, Boston, Harvard Business School Press.

RODRIGUEZ FERRANDIZ, R. (2010): La musa venal. Produccion y consumo de la cultura industrial, Murcia, Ediciones Tres Fronteras.

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