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Imaginémonos en la situación común de los celos: repentinamente me entero de que mi compañera ha tenido una relación con otro hombre. Bien, no hay problema, soy racional, tolerante, lo acepto […]; pero entonces irremediablemente, las imágenes empiezan a abrumarme, imágenes concretas de lo que hacían (¿por qué tuvo que lamerle precisamente ahí?, ¿por qué tuvo que abrir tanto las piernas?), y me pierdo, temblando y sudando, mi paz se ha ido para siempre (Zizek, 2005a, p. 9).

¿La cuestión es que las fantasías son relativas a las escenas, los episodios, las novelas o las fi cciones que se narran a sí mismos los individuos, a veces en vigilia a veces durmiendo? ¿Las fantasías son únicamente elaboraciones secundarias cuyo compromiso es el de satisfacer lo que la realidad nos niega? ¿De dónde vienen las fantasías? ¿Qué las explica? ¿Son el retorno de contenidos reprimidos que perturban una y otra vez a las personas? ¿Las fantasías son meros delirios?

Zizek, S. (2005a). Bienvenidos al desierto de lo real. Barcelona: Akal.

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