LA METAPOESÍA EN OCTAVIO PAZ: TRABAJO DE ESCRITURA Y SIQUISMO CREADOR

Referencia: Amit J. LA METAPOESÍA EN OCTAVIO PAZ: TRABAJO DE ESCRITURA Y SIQUISMO CREADOR. Kipus: Revista Andina de Letras (Quito) 2001:43-51.

Para Octavio Paz, el lenguaje fácilmente se convierte en poesía. Entonces, si la poesía es el gesto natural del habla, la reflexión sobre la poesía sera casí inmediata. Es inevitable al hablar de Paz como poeta hacerlo también como crítico; pero más que como crítico literario, como crítico de la cultura, como crítico del lenguaje que encarna esa cultura. La poesía representa por excelencia esta función crítica, tomando cuerpo a través del trabajo de escritura que se desdobla en cl poema, se hace «otra voz» que desde el poema reflexiona, dialoga y escribe. A este desdoblamiento es al que denomino metapoesía, a partir del cual trato de construir un andamio para la búsqueda de las teorías de la escritura como trabajo de creación desde la comprensión de Octavio Paz.

Con la presente reflexión pretendu establecer conexiones entre las ideas desarrolladas por Pazen torno al trabajo de escritura del poeta y algunas nociones del siquismo creador y del trabajo de creación desde una aproximación sicológica. Este texto responde a un hondo interés por las teorías implícitas de la creación literaria, artística y cultural, que encontramos en tantos escritores y escritoras, poetas o no, capaces de enriquecer de forma excepcional los estudios sobre las experiencias creadoras y las potencialidades de transformación en cada sujeto. Y es que los poetas, de modo particular, han sabido dar registro a la experiencia creadora, al tiempo de busqueda, encuentro y pérdida del poema, poema que finalmente permanece como rastro de una continuidad de mutaciones que afectan al objeto causa del trabajo y al sujeto que lo trabaja. Esta «teoría poética» estará dada dentro del mismo registro privilegiado que es el poema, obra que se resiste a la traducción, pero que sin embargo pretende comunicar, a modo de señalamiento, eso que como contenido latente permanece fusionado a la trama semántica de su forma presentativa.

Empiezo entonces el esbozo de este camino en diálogo con Octavio Paz, quien puede identificarse como uno de los escritores latinoamericanos que mas se ha ocupado de la relation entre literatura y realidad, metáfora y representatión, expresión y experiencia. Sus textes, ensayo y poesía de forma complementaria, son continuidad dentro de un proceso de comprensión progresiva de estas relaciones, constituyen así una misma directión de búsqueda. Inicio entonces esta ponencia apuntando hacia algunas de las nociones que encuentro, desde mi lectura, como constantes en el pensamiento del poeta.

Octavio Paz asevera que «cl testimonio poético nos revela otro mundo dentro de este mundo, el mundo otro que es este mundo».1 El trabajo del poeta parece ser el de transformar los recursos de lo dado en directión de lo posible, actualizar, o al menos intentar hacerlo, el devenir del lenguaje en su potencialidad de ser otro lenguaje: un lenguaje de efecto y de presencia. El poeta conduce y transforma una corriente poética que le es ajena. Entonces, la creación poética sera, en su acepción subjetiva, una creatión que trabaja, un lenguaje que escribe. Por esto cada poema será una experiencia irrepetible; irrepetible por igual en la creación del poeta como en la del lector o los lectores que re-crean para sí el poema. El poeta ha de ser un transformador incansable de los recursos que su época, su cultura, y su medio en general (histórico, material, social, etc.) le ofrecen. Si bien utiliza, adapta o imita estos recursos, ante todo los transmuta en la realizatión de su obra única, el poema. De nuevo, el poeta debe resistirse al estilo (a las fijaciones) y sostener la constante transformatión, destino que le permite conservar una directión, bordear aquello innombrable que como poesía sostiene cada poema; esa es su verdadera intencionalidad: «es un ir hacia…»,2 nos dice Paz.

En este sentido, cada poema es autosuficiente, «cada poema es un objeto único, creado por una ‘técnica’ que muere en el momento mismo de la creación».3 Pero, ¿cómo entender esa ‘técnica’ que crea el poema, ese trabajo de escritura que trasciende el lenguaje unívoco para hacer explotar el espejo hacia otra visión de la palabra? Aquí la técnica poética no es un procedimiento sujeto a repetitión. No se trata de una técnica «productiva» en el sentido utilitario del término. La ‘técnica poética’ no es transmisible, solo sirve un instante al sujeto creador y solamente a él. Por esto el llamado «estilo» de un poeta esta sujeto a renovaciones constantes, es un punto de partida que debe ser trascendido en cada poema.

La operatión poética que afecta la materia es muy distinta a la manipulación técnica, porque lejos de enajenar la materia de su identidad y posibilidad, la conduce a reconquistar su naturaleza en éstas. El poema para Paz no dice sino que «, es un dear que se ejecuta como hacer. La Palabra es la silenciosa: dice cuando calla, calla cuando hace. Se comprende entonces que la poética· de Paz implica a la vez una teoría particular del lenguaje, se trata de un lenguaje preñado de palabras rebeldes, un lenguaje que es abismo y que ya no despierta una actitud de ingenua confianza. Pero ante esta rebeldía de la palabra hay que recurrir a la palabra como arma y como posibilidad. Se trata de combatir al lenguaje con su propia potencialidad y dirigirlo hacia sus últimas consecuencias.

La poesía, como crítica de la sociedad y del lenguaje que la encarna, plantea la posibilidad de recuperar la palabra original que fiinda la identidad, esa «realidad sin palabras» que apenas es presentida por el poeta, y la cual éste se siente impelido a manifestar o revelar a través de la reorganización de las palabras como mundo o cuerpo. Así, el poema toma la forma de una «plegaria al vacio», de un «diálogo con la ausencia», conjurando ese vació-ausencia al proponerse a sí mismo como presencia. El poema estará construido a través de la resonancia que el mundo, o la experiencia de éste, produce sobre el poeta.

Con el trabajo de escritura el sujeto creador se sobrepone al deseo de ser, al deber ser y a lo que se es, y apunta hacia lo posible de ser, hacia lo que está por darse, decirse o constituirse.Octavio Paz define el poema como posibilidad, un espacio que se ofrece como punto de encuentro y de participación entre lo uno y lo otro, por ejemplo entre escritor y lector. Es un espacio de transición y de mediación entre realidades disimiles dispuestas a ser transformadas. Aquí coincide el impulso de la creación con el impulso que inaugura la curiosidad por el poema; impulso que, según Paz, proviene de la ausencia del otro como vacío, o de una «sed de otredad»; impulso que no cesa, todo lo contrario, se reproduce y se birurca en múltiples encuentros, y así conduce a la revelación de este mundo en otro mundo posible.

El poema manifiesta lo poético: cuerpo como obra que revela la poesía. Lugar de encuentro entre la poesía como fuerza primordial y el sujeto. Mientras la poesía es inmaterialidad, el poema es lo opuesto al manifestarla: es lo fable y asible, aunque sea solo encarnación de un instante. Como operación la poesía produce unidad de lo heterogéneo. El poema permite cierto acceso a la experiencia poética, ahí donde la poesía es «palabra implícita», es silencio, presencia ausente en el poema, el cual, por su parte, será la palabra insuficiente, la palabra en falta. En todo poema habrá algo que permanece innombrado, que esta dicho en lo no dicho, que aparece como omision, que esta entre líneas, entre palabras; algo que, nos dice Paz, «está ahí, ni ausente ni pre;sente, a punto de aparecer o desvanecerse para siempre. Es una inminencia ,jde qué?».4 Ante esta pregunta el poema Io que hace es convocar ese objeto latente, produciendo su revelatión cuando lo señala sin nombrarlo. Porque el poema revela, no explica; hace sensible el objeto, pero no comprensible.

En Paz la poética se cruza con la erótica y la estética con la ética, cifrando el deseo de la escritura como la necesidad de alcanzar la conciliatión de los contraries, ese centre de lo real que hace unidad en la diversidad. La misión del poeta sera «la búsqueda desesperada de la palabra verdadera a través de la defensa y dilucidación de la actividad creativa».5 La creación es transformación de la realidad a través del convocar tensiones hasta hacerlas productivas. El oxímoron hace resonar las contradicciones, convoca y entreteje oposiciones, convergencias, divergencias y las pone en diálogo. Según Benavides Lucas, en Paz la poesía aparece como «una operatión mágica, destinada a transmutar la realidad»6 y no a representarla. La poesía es el diálogo del sujeto con el mundo desde una doble realidad: soledad y comunión, ausencia y presencia del otro, del estar a la vez dentro y afuera del tiempo histórico cultural.

Si bien se ha roto la analogía y los pianos de la realidad se muestran irreductibles, de modo que priva la duda sobre lo real; si bien la palabra nunca será la cosa y perdura una imposibilidad de representatión; Paz propone la mediación de la metáfora como puente entre un piano y otro, donde «cada uno es metáfora del otro». Si el mundo es escritura ilegible, esta misma realidad hace posible una escritura en que cada traductión sea distinta, en la cual la unidad del mundo no sea sino su pluralidad. La poesía como abstractión (amorfa, inmaterial e inasible) es heterogénea como heterogéneo es el sujeto, no se deja clasificar ni atrapar. La poesía, dice Paz, «habita todas las formas y escapa a todas», es esa formulación paradójica en que una forma encuentra su movimiento y a la vez un movimiento encuentra su forma. El trabajo de escritura entonces consiste en la dilucidación de una arquitectura que por un instante sostenga esa paradoja, que es finalmente la paradoja de la conditión humana: existir sobre el abismo. Puesto que en el poema la poesía asume multitud de cuerpos, comprendemos que la poesía -como objeto- tiene por destino las mutaciones sucesivas: la obra-poema es la huella del objeto-poesía.

De toda interacción la palabra es el unico residuo permanente. El poeta crea mundos a través de la formulatión de nuevos lenguajes. Se trata de una autorrevelación dada a través de la autorreflexión, que permite alcanzar otro nivel de conciencia. Autorrevelación de nuestra historia olvidada, de nuestras «verdades ocultas». La revelación poética se hace posible gracias a la conciencia que el poeta adquiere sobre el lenguaje y la imposibilidad de representation de la realidad. Octavio Paz ubica al poeta como mediador, como creador de la metáfora conciliatoria. Aquel llamado a habitar el lugar de las transformaciones y a poblar el abismo entre el lenguaje y el mundo, estará llamado a ser sujeto transicional, a buscar la palabra puente, la palabra en la fisura. Si bien hay un espacio denotado por la ausencia, ese espacio puede ser puesto en movimiento, y ese movimiento «muestra que hay mundo», que el mundo no es la nada, que es mundo inestable, discontinuo, inconstante, transfigurado.

Si bien hay una imposibilidad sabida que podría conducir al pesimismo, eso que Bellini7 identifica en Paz como una nostalgia del origen y de la posibilidad, hay asimismo toda una tentativa de superación de esa imposibilidad: la escritura. Búsqueda del cuerpo original del mundo. Cuerpo que, como ha dicho Malpartida,8 es el doble del mundo y es, a su vez, el lenguaje; cuerpo que se construye (se escribe) como un espacio de correspondencias: de encuentros y de transfiguraciones.

El trabajo de escritura se convierte en un jugar con el lenguaje para así apropiarse de él, para encontrar la Palabra en el poema. Juego en el que la ambigüedad es la ley. Gracias a este jugar la realidad se hace otra, se crea otra realidad. El trabajo de escritura como fenómeno transicional define un espacio de terceridad que comunica al yo con el otro (ese no-yo que aparece como potential de transformatión y diferencia), a la realidad interior con la exterior, al orden de lo subjetivo con el de lo objetivo. La poesía como espacio de mediatión simboliza a la vez unión y separatión, distingue y confunde, diferencia y asemeja. Como espacio intermedio es potencialidad. Como espacio de experiencia permite reconocer y aceptar la realidad en su contradictión y amenaza. Así, el sujeto trata de encontrarse en los productos de sus experiencias creativas, trata de producir un objeto símbolo de la unión, de su restauración. Gracias al fenómeno transicional y a la ilusión de posibilidad que sostiene se hacen tolerables la separatión y la soledad. El sujeto alcanza la ilusión de que la realidad externa podrá corresponder a su capacidad creadora, de forma que se alivia momentáneamente la tension y la contradictión entre el sujeto y su ambiente. Ilusión que se logra dado que la experiencia creadora, como el juego, no se cuestiona respecte a su carácter subjetivo u objetivo, respecto a su ubicación en la realidad interna o externa. Solo así la paradoja se hace tolerable, concebible y sobre todo productiva, fuente de posible creación. El espacio transicional hace frontera entre ilusión y realidad de forma que permite simultáneamente la separatión y el retorno al objeto original: la Palabra. Si bien lo hallado por el poeta, como sujeto creador, es preexistente en la realidad, resulta transformado al ser escogido, al coincidir con la posibilidad de transformación del sujeto, al ser dotado de significado, de otro nombre. Aún a pesar de que este espacio serí siempre provisional y limitado, gracias a él se recupera realidades que de otro modo serían inaccesibles. El poema marca este desplazamiento, el tránsito sobre el instante que sostiene una posibilidad irrepetible.

De forma coincidente, Paz asume que la realidad (la experiencia) es más rica que los conceptos y sistemas que el sujeto y la cultura desarrolla para aprehenderla. La realidad no tiene medida, es silencio, «es» antes de toda palabra, es lo innombrable. Cuerpo que solo se dice como cuerpo, afirma Juan Malpartida.9 Entonces, la actitud del poeta deviene contemplatión de la realidad, sobrecogimiento que conlleva al deseo de fundirse con ella, de entrar en comunión. El poeta asume una subjetividad ampliada que lo conduce a una disposición vinculativa y de receptividad ante «lo otro». Hay que reconocer en consecuencia que la busqueda de una poética se da en Octavio Paz de forma paralela a la construcción de una comprensión de la naturaleza o condición humana. Parece que el sentido último del poetizar es revelar esa condición, una dualidad coexistente: ser, no ser, vida, muerte, posible, imposible. Condición que a la vez se propone para ser trascendida como tal. Así, la condición humana es revelada en su paradoja: ser heterogéneo que apunta a la identidad de ser otro, identidad que siempre está por darse, que es tránsito continuo.

El poeta será el ejecutor de la poesía, el que hace artificio del lenguaje. Interviene con él su voluntad creadora, pero interviene de una manera paradójica. «El poeta no escoge sus palabras», nos dice Paz, sino que las hace nacer de sí mismo, las reconoce y las revela con su voluntad de escribir. Aquí se hace evidente la intrusion que opera sobre el proceso expresivo, para nada individual o ensimismado. La voz del poeta «es y no es la suya»,10 es la «otra voz», voz desdoblada, transicional, intersticial, voces que finalmente se enlazan y confunden para ser la voz de la poesía: la que se expresa, la que escribe, palabra en que coinciden presencias, espacios y tiempos indistintos. Esa «otra voz» que no se puede dominar del todo, que incluse de pronto parece dominar al poeta, obligándolo a escribir, a luchar con las palabras para relatarse, conocerse y reconocerse. La identidad se enfrenta a la experiencia de otredad y es empujada hacia el «no ser». Si tomamos la identidad como parte de lo dado, en correspondencia la otredad es la posibilidad de renovación. A través de un estado de desidentificación el sujeto logra acceso a elementos del no-yo. Este vacio identificatorio aparece como condición que activa e inscribe el proceso creador. En este sentido, cl trabajo de escritura entra en el ámbito de Io impersonal y transpersonal.

Para Paz, la inspiratión «es esa voz extraña que saca al hombre de sí mismo para ser todo Io que es, todo Io que desea (…) La voz del deseo es la misma voz del ser, porque el ser no es sino deseo de ser».11 El impulso creador proveniente de la «otredad», fuerza que extrana al sujeto de sí y Io hace potencialidad de transformación. Lo desconocido nos convoca, eso desconocido que se nos vuelve entrañable, intuición de un saber perdido que estamos ilamados a recuperar escribiendo, creando. Porque el poeta sí sabe de eso que desconoce, pero solo podrá recuperar la memoria perdida si intenta bordear el olvido con palabras, con la esperanza de que esa «otra voz» se cuele por las fisuras del lenguaje, que esa «otra voz» sea la suya, que el sujeto desdoblado se encuentre con su doble y tome lugar el instante pleno del asombro.

En toda su amplitud, la revelación poética consiste en evidenciar la posibilidad de la diferencia, la posibilidad de transformación, sea del lenguaje, de la piedra, del sujeto ? de la cultura. Revelar Io no visto. Profetiza Io potencial que subyace en Io ya dado: Io conocido desconocido. Enfonces podríamos entender la experiencia poética como un proceso de comprensión cualitativamente distinto al de la lógica racional, porque justamente Io que sostiene a la experiencia, al poema, a la imagen, es eso que se oculta, Io que es presencia inminente en la ausencia, eso que se calla pero que se muestra ahí donde la experiencia se hace expresión.

Para Octavio Paz, el trabajo de creación poética conjuga el azar y el cálculo, resulta una mezcla de intervenciones aparentemente externas y ajenas, sobre cuya resonancia subjetiva el poeta ha de operar respecte a su potencialidad creadora. El trabajo de creación será ante todo la posibilidad de generar otras reglas; es transgresión y transformación de Io dado en Io posible. La poesía es un ciclo de transformaciones en que cada imagen cambia y «se fonde a su contraria» y así interminablemente. Lo que queda de este ciclo o fluir son los poemas. La poesía es el círcule de transmutaciones del lenguaje, que se convierte en «otra cosa» sosteniendo siempre su capacidad de significar y por Io tanto de comunicar. Recordemos que para Paz «ser Otra cosa’ quiere decir ser la ‘misma cosa’»,12 la cosa primitiva y original, la cosa que es uno en su diversidad, que se presenta como el pacte de conciliación.

El lenguaje, finalmente, encarna al go que Io «trasciende y traspasa»: el poema. Resultado de una experiencia entre el abandono y el rigor, entre el deseo de expresar Io inexpresable y la capacidad de hacerlo sobre una materia que presenta cierta potencialidad de transformación, cierta identidad y posibilidad, pero que simultáneamente se resiste a abandonar su «máscara de transparencia». Por esta razón, el trabajo de escritura nunca es completo, dice y no dice, intenta borrar el nombre dado a las cosas y construir para ellas otro nombre posible que intente ser la cosa original. Y justamente, señala Octavio Paz, el hecho de que la cosa «no tenga nombre y el que no pueda tenerlo nunca es Io que me impulsa a hablar de ella». De nuevo, la escritura aparece como una práctica de deseo. El sujeto hace una negación del mundo porque se pregunta qué hay del otro lado. Está así condenado a su deseo de atrapar la Palabra y a perderse en sí mismo. En el trabajo de creación persiste el deseo de un saber que es deseo sobre la nada, del vacío como falta de explicaciones que activa el acto de la escritura. Con la escritura el poema encarna la posibilidad de la poesía, posibilidad de que el lenguaje sea el mundo por un instante y que las cosas scan presencia, cercanía, e identidad originaria

La escritura es fruto de la experiencia, una experiencia del mundo que desborda la capacidad del sujeto para dar cuenta racional y comprensiblemente de ella, Io cual conlleva a la necesidad de bordearla, de al menos intentar contenerla. Escribir se define en la poética de Paz como búsqueda de ser y de conocer, acto que responde a una revelación inminente y a la tensión nunca resuelta del deseo humano. Para Octavio Paz, escribir resulta también un tipo de memoria y de sobrevivencia, ya que de la experiencia poética del mundo Io que perdura es el poema como momento irrepetible del lenguaje y como lugar del encuentro.

Posiblemente a raíz de esto, y de forma especial en Paz, como poeta y como crítico, la pregunta sobre la poesía se desdobla. El trabajo de creación aparece como un acto a la vez íntimo y cultural, circunstancial e histórico. Encontramos amalgamadas la creación y la autorreflexión. Para Paz todo poema implica y se implica en una poética que Io justifica, sea de forma explícita ? implícita, poética que se desarrolla como proceso de conocimiento y de relación con el mundo. Así, se evidencia la continuidad de la relación entre dos facultades humanas: el entendimiento y la imaginación. Continuidad que hace esencial la función revolucionaria y «perversa» de la poesía. Perversa en su capacidad de pervertir el orden de Io dado y para organizar otro orden posible.

Por ir tras la Palabra, tras la posibilidad de Io imposible, tras el nombre de Io innombrable, el poeta habrá de pervertir todo orden, toda convención dada en las palabras; debe desertar de la vida para acceder a la no-vida, a eso que es marca de Io que él no es pero que Io hace ser profundamente. No ser para ser el otro posible. Estado autorreflexivo y autocrítico; paradójico también porque implica negar para poder afirmar. Para ganar identidad el sujeto renuncia a ser, se vacía de sí mismo, de ese yo imaginario que también es Otro. El sujeto se hace espera, permaneciendo en el lenguaje como espacio para el encuentro y las transfiguraciones.

Finalmente, el trabajo de escritura y la creación dentro de todo quehacer cultural, artóstico o no, implicará la ruptura con una convención establecida, un procesamiento de Io dado en dirección hacia una transformatión irrepetible. Ciclo renovado de rupturas constantes que se reiteran como acto negándose, conjugándose, confluyendo y restaurándose en la continuidad creadora y recreadora del mundo, del lenguaje y de la experiencia. El trabajo de escritura es continuidad entre poema y poema, es un solo poema que no cesa de escribirse, una misma dirección de búsqueda que replantea el enigma de la Palabra.

El poema, cuerpo de palabras desnaturalizadas, se nos presenta como una realidad interstitial respecte al lenguaje histórico y respecte al tiempo. En este sentido, afirma Saúl Yurkievich, enOctavio Paz «la escritura poética se asienta en los intersticios del lenguaje, enseña a leer en los huecos entre el mundo y las palabras».13 No obstante, el poema y su ganancia no apuntan hacia una dirección de progreso, sino que apuntan a todos lados y a ninguna parte. La escritura poética es esencialmente movimiento y tránsito en busca de una salida. Y la salida, nos dicePaz, es el poema. Salida que, fruto de la revelación poética, constituye el salto mortal hacia Io desconocido. El poema es un espacio que se propone a sí mismo como vacío para que transite la Palabra, para que ésta haga sus apariciones y desapariciones. El poeta es de nuevo aquí vehículo de algo que se dice o que se construye desde sí mismo, algo que «es» y que como presencia Io atrapa y Io obliga a escribirle un cuerpo.

Si bien no alcanzamos a comprender la naturaleza última del poema como base material de una realidad que solo es tránsito, intento de atrapar el movimiento; asumimos con Paz que la poesía es esa Palabra «que se escribe sola». Entonces podemos dar fe solamente del efecto que el poema produce, efecto que en sí mismo ejecuta la poesía, nos sigue trabajando y pervirtiendo a través de ese espacio que hace posible el diálogo entre seres diverses, que es campo del amor donde el yo da paso a la existencia del otro, trabajo de escritura que nos obliga a escribirnos.

Footnote

1. O. Paz, La llama doble, la. ed., Barcelona, Seix Barrai, 1993, p. 9.

2. O. Paz, El arcoyla lira, 3a. ed., Mexico, Fondo de Cultura Economica, 1956/1996, p. 19.

3. Ibíd., p. 15.

4. Ibíd., p. 47.

5. Ibíd., p. 104.

6. M. Benavides L, «La cura de la escisión», en Insula, año 46, No. 532-533 (abril/mayo 1991), España, p. 16.

7. G. Bellini, «Octavio Paz, poeta de las ‘verdades oscuras’», en Insula, año 46, No. 532-533 (abril/mayo 1991), Espana.

8. J. Malpartida, «El cuerpo y la historia: dos aproximaciones a Octavio Paz», en Cuadernos hispanoamericanos, No. 468 (junio 1989), España, Instituto de Cooperatión Hispanoamericana, pp. 45-56.

9. Ibíd.

10. O. Paz, El area y la lira, 3a. ed., México, Fonde, de Cultura Económica, 1956/1996, p. 157.

11. Ibíd., p. 180.

12. Ibíd., p. 22.

13. S. Yurkievich, Fundadores de la nueva poesía latinoatnericana, la. ed., Barcelona, Editorial Ariel, 1971, p. 283.

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