Computadoras.Signo es() { [signo de otra cosa] }

Uno piensa que programa con las computadoras. La idea parece lógica. Aunque si uno se empieza a cuestionar, lo que realmente está  en el tablero es el lenguaje. Programar se parece mucho a enfrentarse a una hoja en blanco, acompañado de una cómoda silla; pensar ideas y aterrizarlas en papel. El texto es escrito en español y no en francés. No tengo el código del lenguaje que me permita aterrizar eso que ya está en mi mente en otro lenguaje, pero la idea está presente. Respecto a la pregunta, qué podemos hacer con las computadoras, también uno puede plantearse que hacen las personas con estas. Al final del cuestionamiento pueden surgir preguntas fundamentales sobre lo que significa ser un humano. (T. Winograd & F. Flores, 1986 : 5-7).

Las computadoras pueden contener cantidades  gigantescas de datos, El reto es obtener “información” a partir de esos datos y presentarla de tal forma que los humanos podamos entenderlos y manipularlos. De esta manera, las computadoras presentan la oportunidad de manipular datos de maneras novedosas. Pero finalmente los humanos seguimos teniendo los mismos mecanismos de manipulación simbólica para entender la realidad, de alguna manera estamos diseñando herramientas, caminos o maneras del ser. (T. Winograd & F. Flores, 1986 : 5-7)

La computadora, así como cualquier otro medio, deber ser entendido en   un contexto de la comunicación, y en el largo proceso de las prácticas en las que estamos situados. Insisto, una persona que se sienta a escribir no sólo está escribiendo un documento, un carta emotiva para alguna persona cercana, un anuncio para un periódico o una novela de alguna ciudad invisible. Porque el caso es que uno está sumergido en una compleja red de actividades dentro de las cuales estas cobran sentido. Esto incluye instituciones, prácticas, convenciones y las mismas máquinas o aparatos que usamos día a día. La pregunta que valdría preguntarse es cómo estos nuevos medios permean nuestro entorno.

 El lenguaje tiene la pulsión de comunicar, de hacerse entender y en el mejor de los casos transmitir eso que uno desea con alguien más. La computadoras intentan hacer esto de manera eficaz a través de lenguajes específicos y diseñados para funciones demasiado concretas. La utopía de los lenguajes de programación es parecido a la sociedad; aquella en la que si yo digo “me siento mal” todos entenderían y no habría necesidad de explicaciones porque todos tendríamos el mismo código. La realidad humana es más difícil. Sin duda, plantear los efectos de las computadoras en la sociedad es un camino hacia el lenguaje humano; existimos siempre desde una pre-comprensión determinada por la historia de nuestras interacciones, nuestra cultura. Toda computadora está atravesada por el signo al igual que los sujetos. ¿Que es el signo?

El concepto de signo deriva de la tradición clásica que lo compone de tres partes: un referente, un significado y un significante. Dónde acaban las cosas y en dónde empiezan los signos, en dónde está la frontera entre la biósfera y la semiósfera, entre el mundo natural y el mundo cultural. Desde el punto de vista de la comunicación, una respuesta elegante es: todo es semiótica. Esta es la posición de Charles Sanders Peirce, autor de una filosofía de los signos, fundador del pragmatismo – corriente filosófica – instaurador de las bases de la semiótica de acuerdo a las categorías de la tricotomía fanescópica que corresponden a los términos de primicidad, secundidad y terciedad:

La faneroscopía es la descripción del fanerón y por fanerón me refiero al colectivo total de lo que está presente en la mente, de alguna forma o en algún sentido, sin importar si corresponde a algo real o no.

                                                                      (Collected Papers I, p. 141)

Ahora bien, la faneroscopía permite identificar las diferentes clases de fanerones, en cuyo caso están mezclados, no pueden aislarse y tienen características muy diferentes. La primicidad es aquello que sólo es; no hace referencia ni se apoya en nada, es el sentir. Secundidad es aquello que es lo que es por la fuerza de algo que lo produce, es una reacción. Y finalmente la terciedad es aquello que es lo que es debido a las cosas, mediatiza y las relaciona entre ellas. Significa pensar. Por ejemplo, imaginemos que nos acabamos de dar un golpe, la primicidad estaría relacionada con aquello que se siente; seguido de una reacción “ouchh” e inmediatamente pensaremos en el golpe que nos acabamos de dar. Una herida ha nacido. Para Peirce, todo es signo, incluso la más mínima percepción. De hecho, ¿qué significa percibir si no identificar una figura de un fondo, figura que tiene una forma codificada por nosotros? Conocer es reconocer, según los códigos que han surgido mucho antes de lo que nos imaginamos. Pero esta respuesta nos obliga a precisar la noción de código, un concepto esencial para la semiótica.

La definición clásica de signo, a primera vista muy sencilla, propone “una cosa que está en lugar de otra”, alquid stat pro aliquo. Saussure trata de extender esta definición indicando que el signo relaciona un significante con un significado, ambos inseparables como los lados de una moneda.

Peirce elabora un modelo triangular: “la relación de semiosis designa una acción, o una influencia, que es, o que supone, la cooperación de tres sujetos, el signo, su objeto y su interpretante. Esta relación de influencia ternaria no puede dejarse, en ningún caso, a una relación entre pares”(Collected Papers V, p.332). Significar suponer tres elementos y no solamente dos.

La definición de Peirce aclara la pregunta acerca de la frontera entre el mundo de los signos y el mundo natural. Este último es el campo de las acciones entre pares, como lo sería la relación estímulo/respuesta o causa/efecto. Por ejemplo, si alguien me empuja, puedo caer. El empujón no es un hecho semiótico, sólo es una carga de energía que lleva a una caída mecánica. Al margen de esta secuencia puramente física, puede suceder que el agraviado interprete (elabore un signo) del gesto del agresor y que lo traduzca en violencia, venganza o broma pesada. Gracias a un interpretante existe una representación mental sobre el suceso. La computadora está constituida por lenguajes de programación diseñados por seres humanos, pero pensados para funcionar en estos aparatos. Entonces, la computadora es una representación mental humana.

La importancia de la perspectiva de Peirce es que un signo puede surgir en cualquier lado y no solamente a partir de una persona ni según una clase de mensajes. Un cielo rojo, por ejemplo, nos indica que mañana estará soleado, sin que el cielo tenga alguna intención particular. El receptor elabora esta relación de semiosis, pero el emisor puede ser el universo en general. La semiótica extiende los fenómenos de comunicación más allá de los mensajes emitidos de manera consciente de persona a persona.

La semiótica de Peirce es ilimitada (todo objeto, percepción o comportamiento pueden funcionar como signo) y dinámica (en constante cambio). El motor de la infinidad de la semiosis radica en lo que Peirce llama interpretante, una noción que no debe confundirse con el sujeto receptor. El interpretante es el sentido, que puede ser una idea, una respuesta emocional, una acción o un comportamiento por medio del cuál un signo se encuentran momentáneamente traducido. Esta interpretación pudiendo ser retomada a su vez en la cadena de significaciones.

 Diremos pues que, corriendo el riesgo de simplificar a Peirce, el interpretante es el punto de vista que permite asociar un signo con un objeto. Así, para la meteorología, un cielo rojo indica día soleado, pero un pintor indiferente a consideraciones climáticas puede pintar un cielo rojo por otras razones. Según el interpretante, una persona puede figurar un mexicano, un jalisciense, un individuo de sexo masculino, o unos jugadores de dominó, o unas personas diabéticas, etc. Para cada caso, usamos un triángulo que nos dice bajo qué aspecto relacionar tal signo con tal objeto: el campo del signo es el de esta “terciada”.

El triángulo semiótico de Peirce califica la terciada como la semiósfera, o el proceso informacional. Por contraste, un proceso energético se queda en una “relación entre pares”. De esta manera, la figura concebida por Peirce es la más amplia que permite pensar la vida de los signos, que no son únicamente lingüísticos, sino también naturales y sin emisores. El esquema de Saussure postulaba un emisor y un receptor; para Peirce hay que ir de signo en signo, todo “objeto” puede servir de signo a otro objeto. La cadena queda abierta hacia la izquierda como a la derecha del triángulo, sin que la actividad semiótica llegue a un final. La mejor ilustración de este proceso es la búsqueda de una palabra en el diccionario, que no puede hacerse mediante otras palabras, las cuáles envían a otros significados o la búsqueda de un dato específico en alguna base de datos.

Debo a mi paciente lector una confesión. Cuando digo que aquellas cosas que tienen un interpretante lógico son generales o están conectadas con generales no es un resultado científico, sólo una fuerte impresión de una vida dedicada al estudio de los signos. Mi disculpa a esta respuesta es que soy un pionero, o más bien un backwoodsman en el trabajo de aclarar y abrir lo que llamo semiótica, es decir, la doctrina de la esencia natural y variedades fundamentales de posible semiosis; y creo que el campo es muy vasto, la labor muy grande, para un iniciador.

Collected Papers V, p. 335

Hjelmslev emplea el término signo de la siguiente manera: “Parece más adecuado emplear la palabra signo para designar la unidad constituida por la forma del contenido y la forma de la expresión, y establecida por la solidaridad que hemos llamado función semiótica” (Hjelmslev, 1971:77).

De esta manera Hjelmslev propone una nueva concepción de signo, que es diferente a la noción de Charles Peirce, para quien el signo era la expresión de un contenido exterior al signo mismo, es decir, que un signo es algo que significa una cosa en la ausencia de esa cosa. Hay que recordar que Peirce distinguía tres componentes en un signo que vienen desde la tradición clásica de referente, significante y significado. Para Peirce, un signo era el significante, mientras que el significado era el interpretante y el referente era el objeto.

Por su parte, Hjelmslev establece que un signo es una relación constante de dependencia entre una expresión y un contenido. En estos términos, el contenido representa la “masa amorfa del pensamiento” y la expresión puede ser ejemplificada mediante una cadena de caracteres lingüísticos, como las palabras o los datos. Uno busca en un diccionario o en una base de datos.

Para Hjelmslev, la solidaridad que existe entre expresión y contenido es tan fuerte y cerrada que es imposible que un contenido exista sin expresión o que una expresión exista sin contenido. De hecho, un contenido siempre opera en función de un expresión y viceversa.  A estos dos componentes, contenido y a la expresión, se les llama functivos y la relación ente ellos se le llama función semiótica. La siguiente expresión está escrita en un lenguaje para navegadores dentro de la red denominado JavaScript. Ante todo la expresión es un ejemplo práctico que afirma la solidaridad que existe entre expresión y contenido. El inicio de la etiqueta <script language=”javascript” type=”text/javascript”> así como su final </script> trazan el espacio para el contenido, así como el lenguaje al que se hace referencia. La función, seguida de sus variables y datos se encuentran ejecutando acciones siempre en un contenido específico. Cabe señalar que el lenguaje JavaScript siempre está trabajando con HTML – otro lenguaje de los navegadores, otro contenido. Ambos lenguajes son utilizados para construir sustancias con una nueva forma.

 

<script language=”javascript” type=”text/javascript”>

function bienvenida() {

var nombre = prompt(‘Escribe tu nombre…’);

document.getElementById(‘capa01′).innerHTML = nombre;

}

</script>

Pero contenidos y expresiones, son dos functivos que se apoyan en una misma base: las formas y las sustancias. Hjelmslev nos dice que el sentido o el significado de algo se convierte en sustancia de una nueva forma y no hay otra existencia posible que ser sustancia de una forma determinada.

La distinción entre forma y sustancia, Hjelmslev la toma directamente del lingüista suizo Ferdinand de Saussure. Una forma es lo constante, lo que en inglés se conoce como tipo o type. Por el contrario, la sustancia es lo variable, lo que en inglés se le llama token, son las ocurrencias de una selección entre diferentes clases de objetos.

La forma es aquello que da permanencia e identidad a un objeto reconocible. Desde este punto de vista, que tiene sus raíces en el pensamiento de Aristóteles, la forma se opone a la materia, debido a que la “informa”. La noción de forma puede relacionarse con la noción de “estructura”.

Hjelmslev extiende la noción y postula la existencia de una forma propia a cada substancia: forma de la expresión y forma del contenido. Éstas formas deben ser analizadas por separado, previo a su unión producida por el esquema semiótico. La substancia es la “materia” o el “sentido”, en la medida en que es articulado por la forma semiótica en vista de su significación.

La substancia semiótica debe ser considerada como variable, mientras que la forma es invariable. Es decir, una forma puede ser manifestada por diversas substancias (e.g. gráfica o auditiva), pero no a la inversa. Dicho de otra forma, una sola materia fónica, por ejemplo, puede ser substancia semiótica de varias formas (lenguajes verbales y musicales, por ejemplo). En el ejemplo de JavaScript este contenido puede ser reutilizado para otros contenidos siempre y cuando se encuentre bien referenciado y con un lógica prudente.

Se puede decir que cuando producimos una expresión, estamos fabricando una ocurrencia conforme a las reglas de un tipo. Pensemos en la palabra “perro”, la cual entendemos porque conocemos los fonemas que la componen y la cual podemos también reproducir porque conocemos sus reglas. La palabra “perro” es una expresión, en tanto que cadena de caracteres lingüísticos. Pero ahora pensemos en el tipo de perro que hemos imaginado. Estamos ante el campo del contenido en donde es el pensamiento que forma un significado con base en diversos factores que influyen para asimilar una expresión. Estas son las diversas ocurrencias que se generan a partir de un tipo ya existente. Los lenguajes de programación cuentan con librerías ya existentes para avanzar en la construcción de expresiones. Así pues, yo puedo elegir un tipo de saludo, desde cierto lenguaje de programación y la computadora traducirá la cadena de caracteres. En programación se hace hincapié en el proceso, uno puede imaginarse desde otro lenguaje un tipo de saludo para cierto tipo de Software. Es igual que imaginar a un perro al momento de dibujarlo.

 public class Hello {   public static void main (String[ ] args) {     System.out.println(“Hola mundo”);   } }

Para entender esta nueva concepción de signo, hay entender que Hjelmslev se apoya en el principio de arbitrariedad del signo. Este principio establece justamente que no hay relación estable y fija entre un referente y su significado. Por ejemplo, Eco se apoya en Hjelmslev para indicar que hay signos cuyo referente no existe o que para significar no es necesario que estemos frente al referente. Imaginemos un unicornio. Todos podemos imaginarlo aunque nunca hayan existido, los anillos de Saturno o los códigos que permiten el funcionamiento de un sistema operativo, llámese Windows, Linux o Mac. Nunca  los hemos visto.

Así, Hjelmslev sostiene que la forma lingüística es independiente de la sustancia mediante la cual se manifiesta, y que la forma sólo puede ser reconocida y definida por medio de la abstracción de la sustancia, situándonos en el terreno de la función. “Por muy paradójico que pueda parecer, el signo es al mismo tiempo signo de sustancia de contenido y signo de una sustancia de la expresión. Es solamente en este sentido que podemos decir que un signo es signo de otra cosa (…) El signo tiene dos direcciones, al “exterior” hacia la sustancia de la expresión, y al “interior” hacia la sustancia del contenido.” (Hjelmslev, 1971:76).

Y todo se ve más claro, más bonito en una hoja de papel. Mis palabras, pensamientos, ideas, signos pueden funcionar como los contenidos a determinados lenguajes, códigos o culturas. Cada uno se expresa en su contenido a través de las palabras o la narración en cuyo caso es otro contenido. Una hoja de papel, reglas de redacción, reglas de fonética. Un signo es signo de otra cosa. En todo caso valdría preguntarse si son los signos los que nos permiten vivir en sociedad o si la sociedad no es otra cosa más que un vasto complejo de sistema de signos. Incluyamos a las computadoras.

Referencias

Hjelmslev, L. (1971). Prolégomènes à une théorie du langage. Paris: Minuit.

Eco, U. (1988). Le signe. Brusleas: Labor.

Reyes, E. (2006). “El concepto de signo para Hjelmslev”. Online:http://hipercomunicacion.com/pubs/hjelmslev-signo.htmlhttp://hipercomunicacion.com/pubs/hjelmslev-signo.html

Algirdas J. Greimas et Joseph Courtés (1993). “Sémiotique : dictionnaire raisonné de la théorie du langage” (orig. 1976).

Bougnoux, Daniel (2001). Introduction aux sciences de la communication. París: La Découverte. pp. 31-33. [Traducido y adaptado por Everardo Reyes]

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