El campo simbólico de las computadoras

Las computadoras pueden contener cantidades inimaginablemente grandes de datos. El reto consiste en obtener “información” a partir de esos datos y presentarla de tal forma que los humanos podamos entenderlos y manipularlos.

De esta manera, las computadoras presentan la oportunidad de manipular datos de maneras novedosas. Pero finalmente los humanos siguen teniendo los mismos mecanismos de manipulación simbólica. Por lo tanto, sería prudente establecer los métodos, paradigmas o conceptos para que los humanos pudieran ver lo que se llama el espacio “simbólico”.

De la realidad no tenemos más que traducciones, nunca la “verdad”. Hay pues, una incertidumbre original, típicamente “informacional” acerca de la realidad nuestra realidad y acerca de lo que, en la Realidad, no tiene forma ni informaciones, es decir, es intraducible en mensajes.

De hecho estamos condenados a no conocer más que un universo de mensajes, y más allá de esto, nada. Pero al mismo tiempo tenemos el privilegio de leer al Universo bajo la forma de mensajes. Somos nosotros los que fabricamos estos mensajes, por el influjo de impulsos, cuya verdadera naturaleza ignoramos, aunque tengamos un código para nombrarlo. Estos mensajes crepitan sobre nuestros procesos mentales; son ruidosos, con interferencias, con agujeros negros, erramos en el bosque de los símbolos, que nos observan con miradas familiares.(1)

El psicoanálisis nos viene a  recordar que, porque somos seres humanos, nos mantenemos siempre en esta carencia, que es la condición misma de nuestro deseo. Y que hay que respetar ese lugar vacío que es la carencia, lo que separa las palabras de las cosas, lo que no puede decirse; que hay que respetar esta referencia tercera del lenguaje que nos es dada y de la cual nadie es dueño. Compartimos todos esta condición común de una referencia a un tercero, al orden simbólico y, por lo tanto, nadie es dueño de su prójimo ni de la verdad. En cierto modo, nuestras relaciones deben respetar el lugar vacío del tercero, el mismo que nos hace humanos.

¿De qué se trata? De la evidencia de que nuestro funcionamiento social ha eliminado, en cierto modo, toda referencia absoluta, todo lo que servía de trascendencia, de alusión a una autoridad común. Es a la vez la muerte de Dios como figura paterna trascendente, referencia fija para nuestra organización social; asimismo, es la supresión prácticamente sistemática de todas las figuras que representaban en nuestra sociedad la noción de autoridad, de jefe, de padre. Como si todos los seres humanos que debían ocupar un puesto de líder, de jefe, de autoridad, se encontraran incómodos frente a esta posición que remite a una jerarquía.  Para Lacan, lo que nos caracteriza como seres humanos es que nos vemos obligados a renunciar a estar “completamente dentro de las cosas” y a entrar en el orden simbólico que rige al ser humano, el orden lingüístico. Por cierto, lo anterior supone una pérdida(2).

Pero este lenguaje en el que debemos aprender a movernos y que caracteriza nuestra especificidad como seres humanos Io hemos recibido, nos precede, y no tiene dueño. Es una referencia tercera que no podemos ignorar.

Lo simbólico hace parte de la realidad, se soporta de una materialidad, pero se ve también cómo es una realidad esencialmente humana. Las señales de tránsito, los símbolos patrios, las palabras, son asuntos humanos, bien que están puestos en la “realidad”. La humanidad se ha reducido a un yo desde la mirada del lenguaje.

Lacan cuando dice que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, una de sus consecuencias radicales no sería la denotación de la realidad, sino que la realidad para los hombres no puede ser sino una realidad simbólica. Y desde la mirada de los ordenadores, estos constituyen el filtro de la cultura, en la medida en qué estos aparatos se comunican por lenguajes de programación creados por humanos. Las computadoras son el simbólico de la cultura porque están trazadas para la producción de sentido , realidad o imágenes.

La cultura inmersa en un simbólico lleno de imágenes ahora puede observar de manera alejada fenómenos que parecían una cuestiones infranqueables en el espíritu humano. El “sexo virtual” o “cibernético” que “supuestamente” presenta una ruptura radical con el pasado, puesto que en él, el verdadero contacto sexual con “otro real” está perdiendo terreno frente al goce masturbatorio, cuyo único sostén es un otro virtual: el sexo telefónico, la pornografía, hasta el “sexo virtual” computarizado.

La respuesta Lacaniana a esto es que primero tenemos que desenmascarar el mito del “sexo real” supuestamente posible antes de la llegada del “sexo virtual”: la tesis de Lacan de que “no existen relaciones sexuales” significa precisamente que la estructura del acto sexual “real” (del acto con una pareja de carne y hueso) ya es inherentemente fantasmagórico: el cuerpo real del otro sólo se sirve como sostén para nuestras proyecciones fantasmáticas. En otras palabras el “sexo virtual” en el que un guante simula el estímulo de lo que vemos en pantalla, y así sucesivamente, no es una distorsión monstruosa del sexo real. Simplemente vuelve manifiesta la estructura fantasmática que le subyace (3). Es sólo a través de un tercero o un simbólico el camino por el que la realidad humana se construye. Las computadoras han hecho evidente lo simbólico. ¿No es acaso una imagen la que se conforma de nuestra pareja ideal.? ¿ una construcción social? ¿un lenguaje capaz de construir realidades?

Es en este punto donde el psicoanálisis puede intervenir para recordar, por una parte, el lugar olvidado del sujeto con respecto al discurso científico, para recordar la existencia de un sujeto que ha producido los enunciados científicos y que no puede olvidar el alcance exacto y relativo de esos enunciados. La escala no solamente es a nivel del universo, sino a la de las observaciones locales en función del ángulo de observación y del saber del observador.

El observador está físicamente invadido en mucha mayor medida de lo que podríamos creer:

–       En el nivel de la relación entre el conocimiento de la organización y del conocimiento;

–       En el nivel de la praxis transformadora que constituye toda observación;

La entropía se convierte en la falta de informaciones de un observador sobre el sistema que considera a la entropía máxima corresponde a la ignorancia máxima. Dicho de otro modo, la entropía en su acepción más clásica mide:

–       No sólo el desorden o ausencia de organización en el seno de un sistema físico;

–       Sino, a la vez, la reducción de las posibilidades de información de un observador sobre su observación; la entropía se convierte, en la medida de nuestra ignorancia.

La entropía significa ignorancia; inversamente, la información hace regresar el desorden del espíritu: en efecto, el bit se transforma, en el espíritu del observador/receptor, un desorden puro ( una equiprobabilidad de ocurrencia entre dos eventos) en orden puro, y este orden se le puede llamar saber. Esta aportación de orden le permite completar, enriquecer, incluso complejizar su visión del mundo.

Mientras que el observador mide lo real, lo real da la medida del espíritu del observador.

A partir de aquí se plantea la cuestión epistemológica: ¿Son recíprocos estos dos aspectos de la entropía/información, uno psíquico que remiten al observador, el otro físico que remite al objeto? ¿La ausencia de toda posibilidad de informaciones en el espíritu de un observador refleja el desorden real del mundo o sólo de los límites de su entendimiento?(4). La respuesta es desde la postura de la investigación una rotunda afirmación.

Cabe señalar que la investigación tiene un alto grado de uso de narratividad. La capacidad de narrar constituye una habilidad semiótica humana que ha estado presente en todos los pueblos y en todas las culturas. La actividad narrativa puede utilizar como medio o vehículo de expresión un gran numero de los sistemas semióticos con los que cuenta en hombre para comunicarse.

En primer lugar, puede utilizar el más importante de todos ellos: el lenguaje articulado, ya sea en su forma oral o escrita. También puede utilizar sistemas simbólicos visuales, así como la combinación de muchos sistemas, incluidos los lenguajes de programación. Algunas preguntas que me he planteado al momento de escribir el problema de investigación tienen que ver con encontrar una narrativa o discurso propio.

Las palabras son datos que van generando una lógica, sin embargo la intención es construir objetos no sólo en los espacios ofrecidos por los lenguajes de programación,  sino extender el concepto de dato, enriquecer la mirada de los objetos creados desde las computadoras/ ordenadores a otros campos. Y el dato se convierte en el puente, y la mirada empieza a desdoblarse  del concepto funcional, aquel lleno de  sentido sobre progreso para las organizaciones o sistemas.

Una narración es definida por Van Dijk como “Una secuencia de una o más acciones con un particular número de autores, de manera más general uno o más eventos ” (1). Toolah lo define como una secuencia percibida de eventos conectados no de manera aleatoria(2). Ambos autores definen a sus vez los eventos como un cambio de estado. No es intención convertir la investigación sólo en un proceso descriptivo. La misma estructura del texto no es una serie de acciones y eventos, sino, en todo caso, un recuento de estas acciones y eventos. Tal vez la búsqueda de un código propio. Existen, por otra parte,  definiciones de narración que la limitan al recuento de eventos del pasado. Callow, por ejemplo, señala lo siguiente “ el discurso narrativo hace recuento sobre una serie de eventos ordenados en mayor o menor medida cronológicamente, usualmente en el pasado. (5)

La idea de concebir el texto como un objeto que cobra vida y tiene su propio ritmo, cada vez se posiciona más en la parte más afectiva de la investigación.

Al principio tenía la idea de construir un objeto rígido a manera de sistema cerrado y los objetos construidos a partir de un ordenador eran el fin y no el medio. En un concepto de narración, alejado un poco de los conceptos computaciones, Gerald Prince define a la narración como “la representación de eventos reales o ficticios situados en un tiempo de secuencia. Estos eventos y situaciones pueden incluirse  dentro de lo que Bach llama “eventualities”, término dentro del cual abarca a los estados como conjuntos de características que permanecen constantes, mientras no se modifiquen las fuerzas que las integran, que pueden ser estáticos o dinámicos.(6)

Los procesos (conjuntos de acciones que se repiten una y otra vez) están ligados directamente con la lógica de programación a manera de ensamblaje. Una narración es un modo de ensamblar al igual que un software. Todos los cambios se pueden considerar eventos (cambios de estado, puntuales o no). A todos ellos los incluiré dentro de una lógica de acontecimientos, para referirme a los estados, procesos y eventos. Con base en lo anterior me gustaría definir al cuerpo de texto de la investigación como una narración que forma parte de un sistema cuya intención es constituirse como una producción simbólica.

El observador forma parte de una realidad que está observando. Afirmar una verdad universal sería afirmar una observación exhaustiva que necesita información infinita, la cual requeriría una energía infinita. Lo que traería consigo la dilatación de todo el universo. Además de ir en contra de unos de los principios básicos de cualquier sistema de información pues ningún sistema puede contener mayor entropía que la que contiene en su organización. En términos de este texto, la organización es siempre un fenómeno de comunicación, donde la comunicación es siempre un fenómeno de organización. El conocimiento llevado al absoluto es autodestructivo.

Como en una pizarra que constantemente se autoborra, el énfasis es puesto justamente en el carácter temporal de la presencia de la imagen en ese escenario, en su condición de fantasma. Allí no hay nada fijo y como tal recuperable, Freud no concibe el inconsciente como una memoria almacén, una memoria de backup de nuestras vidas en la que lo registrado podría ser devuelto, como si lo extrajéramos de un archivo docu-monumental, en las mismas condiciones de origen.

Al contrario, es una memoria fábrica, una memoria productiva que en realidad opera como máquina, interconectando y poniendo en potencia los fragmentos de las impresiones recibidas. Un motor que en su juego activo de interacciones productivas genera –es lo que Freud llamaba el trabajo del sueño- enunciados novedosos, imágenes y narraciones producidas que dicen no las repeticiones compulsivas y literales de un “lo mismo” recuperado, sino que vienen a expresar la disposición dinámica de los juegos de fuerza y distribuciones de energía de cada estado complejo del sistema –en el caso, el aparato psíquico, y la distribución en él de la propia economía libidinal de la vida del sujeto. Los altibajos del deseo y su proyección en las figuras del imaginario. (7)

Desde la postura que maneja Morin se podría afirmar que la información sólo puede nacer a partir de una interacción entre una organización generativa (simbólico) y una perturbación aleatoria al ruido (imaginario). ¿ Cuál es la necesidad de estudiar al dato desde diferentes posturas?. Es también desde el inconsciente donde se estructura el lenguaje. En realidad se pertenece a un sistema cultural en el que se incorpora información de manera constante condicionando la forma de conocimiento, ya sea en un humano o programa informático.

Referencias:

  1. Morin, Edgar. (2006) El Método I: la naturaleza de la naturaleza; traducción de Ana Sánchez en colaboración con Dora Sánchez García. Madrid: Cátedra, 2006
  2. Gorn, B. B. (2000). La posible Aproximación entre el Psicoanálisis Y la historia de las mentalidades Y la historia cultural. Revista De Historia De América, (126), 113-113-144. Recuperado dehttp://search.proquest.com/docview/748375398?accountid=11643
  1. Slavoj Zizek (2003). Ideología: un mapa de la cuestión. México: Fondo de Cultura Económica.
  2. Ibidem
  3. Callow, Kathleen. (1974) Discourse Considerations in Translating the Word ofGod. Grand Rapids: Zondervan, 1974
  4. Prince, Gerald. (1987) Narratology. The Form and Fnnctioning of Narrative. New York: Mouton, 1987
  5. Brea, José Luis (2000). Cambio de régimen escópico del inconsciente óptico a la e-image. (19), 11, 12. Recuperado de: http://www.estudiosvisuales.net
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