Creo en lo que veo.

Inicio de la idea. Fin de la idea. Algo hace falta en las frases anteriores para no quedarse con un mal sabor de boca que susurra a los oídos una ausencia y de manera simultánea dice todo; es necesario agarrar un cachito de realidad para poder narrarla, en el peor de los casos ignorarla. Incluso una piedra sin decir una sola palabra brinda más información sobre su composición. El dato como acto de creación consiste en tener dos puntitos separados en una hoja de papel. Dos objetos preparados para unirse por miradas a través de un observador. La idea es hacer que esos dos puntitos sean más que dos puntitos. Trazar una trayectoria a modo de narrativa es una forma de conocimiento. Algo así como generar mensajes en código con objetos  o como diría Chester Chettos  “son de queso y más que eso” o como la Poiesis de los griegos; la idea principal es generar desorden dentro de los objetos. La Ileada del Software, Las cruzadas entre los lenguajes de programación, la inexistencia de la llegada del bicentenario del mouse, la crucifixión de la tecnología, en la búsqueda del tiempo perdido en Google, el ser y facebook, como agua para su variable. En síntesis  un movimiento de incertidumbre entre <nosotros> y el <mundo>.

El efecto de reacción entre mundo y sujeto produce objetos. El pintor, el zapatero, el programador, el maestro, la escoba, el catrín, la muerte, el lenguaje, las emociones son objetos. Uno podría jugar la lotería de la vida y empezar a nombrar cada objeto uno por uno. Ganar no es lo único sino lo más importante no cuenta para una misión que consiste en disfrutar el proceso, sin llegar a resultados. Seguro nadie ganará nada si nombra todos los objetos conocidos, pero que buena travesía mental.

Una cosa son las <cosas> y otra <cosa> son los objetos. Las personas al divulgar su conocimiento muestran esa manera de estar relacionadas con sus alrededores. La literatura es una forma de conocimiento al igual que la ciencia. Ni la literatura carece de objetos reales, ni la ciencia de objetos del sujeto. Todo el mundo sabe de agujeros negros así como los intentos poéticos de Einstein por encontrar una teoría que unificará todo el universo. El conocimiento no es algo personal. Una vez que puedo escribir la frase – mi carro es absorbido por un agujero negro – se ha convertido en lenguaje, dicho de otra manera, todo lo que no es tuyo. Seguramente si nuestro carro fue embutido por una fuerza física caótica, la teorías de la relatividad quizá ayudarán a resolver el misterio. El carro que ha sido absorbido por el agujero negro llevaba mi disco favorito de Sussie 4. Es momento para llamar al Chapulín colorado y pedirle que esa masa de energía se cargue a todo el mundo, no sólo a mi carro, mi disco y mi experiencia afectiva sobre la historia. Una cosa es la compresión del acontecimiento y otra el acontecimiento. A los 27 años soplaré la velita del pastel para pedir un deseo que unifique estos dos objetos, igual y se me cumple.

Existen los objetos de la naturaleza como los planetas, la taquicardia, los zapatos, las piedras, los desfiles, los virus,  el gesto, los hechos, el olor a cloro, la guerra, las simulaciones, y uno se pregunta sobre el nivel de caso que le prestan a uno los objetos. A primera impresión, los objetos de programación comienzan con modelos mentales claros y precisos que se van construyendo acorde a estructuras básicas de pensamiento, sin olvidar papel y hoja. Poco a poco se van representando los comportamientos de las variables unas contra otras en relación al tiempo. Las relaciones se pueden llamar relaciones de influencia. Si uno presiona un botón en una determinada pantalla como cuando marcamos el celular, los datos serían los números y las variables serían algo así como la potencialidad de los números para generar una llamada. El hecho de que uno se encuentre en territorio telcel y no exista señal para construir la llamada, es un tipo de escenario molesto que no permite generar alcance o  dimensionalidad que enlaza de manera congruente el comportamiento de los números con esa persona al otro lado de la bocina.

En el mundo real, uno refresca a su madrecita, pero en otro nivel de realidad, un objeto es aquella parte de la realidad que no tiene nombre. Preguntarse donde termina el número telefónico cuando una conversación ha terminado sólo es retórica. Un objeto es lo que carece de lenguaje en un mundo de lenguaje. Los objetos tienen abismos que no permiten su captura completa del sujeto. Uno tiene un celular de tecnología super-duper, pero la tecnología no tiene palabra y falla cuando quiere: un trabajo en Microsoft Word que se cierra de manera inesperada, un video que tiene imágenes que han sido borradas de la línea del tiempo y salen y salen hasta convertirse en una pequeña molestia, un servidor caído por algún ataque hacktivista, un terco teclado que se aferra a poner una palabra por otra, en suma los objetos no están completos, es necesaria la participación, interacción o enojo del “alguien” para que el objeto nos haga caso, de lo contrario, a los teléfonos les importa un cacahuate si funcionan o no. Pero uno tiene la sensación de completud, porque intuimos aparentemente donde empieza y termina el objeto. Los objetos son una especie de secreto que sólo se dice en silencio.  Y dígase lo que se diga, lo que no se puede decir, lo que significa ser celular, eso es el objeto. Con respecto a las ontologías, todos los usuarios de un celular deben manejar conceptos en común, hablar el mismo lenguaje. Para esto debe existir una ontología de uso de celulares que describa el conjunto de conceptos y sus relaciones entre sí. Los conceptos deben asociar con un nombre y así se genera un vocabulario estándar que se utiliza para comunicar estos conceptos entre los actores del escenario. El instructivo de los celulares funciona para acortar la brecha entre el objeto y el sujeto, pero el lenguaje funciona como mediador. Al final de día, los aparatos se venden como seres inteligentes con los que uno puede conversar.  En fin, un objeto es lo que queda después de lo dicho, y que ya estaba ahí desde antes, en un aparador de venta, por ejemplo. Se entiende que el celular, las computadoras, las tablets ya están desde antes de que uno se las tropiece o las compré en los frenesís de las corrientes marítimas tecnológicas que vienen de los mundos de la innovación. Por eso los objetos, también se les llaman cosas, porque  cosa quiere decir <causa>, algo que está con anterioridad.

Los objetos, objetan, porque ponen objeciones, esto es, se instalan contra uno y lo confrontan, le oponen resistencia, sea para presionar teclas y realizar una llamada, para conectarlos, comprenderlos o utilizarlos. Basta un poco de reflexión para darse cuenta que todo objeto es un misterio. Se vale incluir, el misterio de los altos costos de telefonía en México, así como una palabra que me llega a la mente: Slim.

Uno, es los objetos que utiliza, crea o construye. No se puede tener un celular y observar sus problemas en un televisor porque uno forma parte de sus objetos. En mi caso, no me ha dado por comprar una sierra eléctrica, una camioneta de esas que usan para matar gente en medio oriente o platillos provenientes de Siberia. Tal vez porque no me alcanza o porque no estoy relacionado de algún modo con estos objetos. Simplemente porque va en contra de mis principios. No se puede mostrar indiferencia. “Nuestro cuerpo es nuestro primer instrumento de medida, dice Poincaré” (1912, p.110). Representar un territorio de los objetos es como jugar al rompecabezas. Dicho de otro modo,  “El cambio es la única constante en la ecuación que define un entorno que evoluciona al ritmo vertiginoso de las tecnologías de información, las cuales apoyan procesos organizacionales e impulsan la generación de nuevas metodologías de apoyo a la toma de decisiones” (Walker, 1995). La frase suena <pradiuris>, pero quiénes son las constantes de cambio en la ecuación o los encargados de impulsar metodologías para la toma de decisiones. En los exámenes de algebra, las ecuaciones tienen su respuesta, pero es el alumno que no estudió – es mi caso – quien tiene que describir un proceso para llegar a una solución. Lo mismo sucede con los programadores que tienen que hacer Software, amas de casa que tienen que comprar comida para los bodoques, empleados que maquilan, computadoras que facilitan nuestra búsqueda en Google, taxistas para llegar a un destino. Scheel (1998) presentó una analogía con un piloto, el cual debía controlar un sistema de gran complejidad y estar preparado para lo inesperado, por lo que tenía que adquirir un entrenamiento extenso en un simulador de vuelo que le permitía aprender, cometer errores, y experiencia lo inesperado, y todo esto sin riesgo para los pasajeros. Por eso la insistencia de todas las cosas/objetos que uno compra acerca de las instrucciones. Uno tiene que estar preparado para lo inesperado. Cosa que la mayoría de los mexicanos pasamos por el arco del triunfo, sea porque queremos hablarles a los objetos sin escuchar de ellos o sea por una cuestión cultural. Existe una relación sujeto-objeto. Igual y me estoy confundiendo y a los mexicanos nos gustan las relaciones objeto-objeto al estilo física clásica en donde no puede haber nadie. Y por eso cuando una pregunta ¿qué has hecho? Muchos, dicen: nada. No quieren ser descifrados.

En conclusión el mundo no es sencillo y no hay una explicación universal para todos los objetos. Sin embargo, los filósofos griegos se percataron de que algunas cosas podían entenderse y predecirse. Descubrieron que la comprensión de los objetos podía lograrse por medio de números, y para entender el mundo alrededor de nosotros, debíamos encontrar “los números en las cosas”.  Esperar <5> minutos para intentar la llamada desde mi celular, es una buena manera de comprender al celular, pinchear <una> vez la red telefónica es otra manera de diálogo. Y regresando al pasado, la escuela Pitagórica desarrolló una preocupación por las matemáticas a raíz de la fragmentación de los números por el triangulo. Raras veces han dicho “chinga tu madre 3.1416 cuando el celular no funciona. Usamos enteros y no fragmentos; no espanta mi afirmación, a los pitagóricos les daba la impresión que estaban abriendo las puertas del inframundo. Nuestro sentimiento frente a las llamadas que todo el mundo quiere hacer en los últimos 10 segundos del año nuevo son enteros, unidades completitas de sentimiento. Y el celular sigue siendo un objeto definido en sus números para realizar llamadas. Todo está en su lugar: un usuario molesto, un celular con sus dígitos, pero fragmentado de algún modo.

Por lo tanto, todos los objetos de contornos son objetos discretos, la discreción no les viene de que sean prudentes o recatados, sino del verbo “discernir” o “cerner” que es el acto de separar o de distinguir, y que hace que un celular siga siendo celular por sí mismo independientemente de lo que le suceda a otro celular o cualquier otra cosa. Un celular aunque fuera el último sobre la tierra, seguiría siendo celular. Will Smith en la película Soy Leyenda era ser humano por la sencilla razón que quería ver a otro ser humano y no monstruos rabiosos. Algo tienen el celular y los humanos que los hace muy distinguibles.

Son objetos relevantes, y otra vez, no en el sentido de que sean espectaculares o extraordinarios, sino que hacen relieve, esto es, que los celulares no se confunden con ratones, sino que resaltan del fondo o contexto y uno distingue el Blackberry del Iphone. Ya sea por razones de color, diseño, marca o lo que sea. Y si no me creen, pregúntenle a los delincuentes, ellos distinguen muy bien este tipo de objetos.

Son objetos modulares, o engranables, lo cual quiere decir que pueden operar como piezas de un mecanismo mayor, y así los celulares pueden embonar con los reproductores, videograbadoras, videojuegos, empresas de tecnología. Y al final un celular es todo menos un celular. No es que pierda su forma, si no que fusiona objetos. Y por el contrario, son objetos que se descomponen, es decir que se descomponen en sus componentes, y así, el celular se puede descomponer en circuitos electrónicos, software, plástico, plan tarifario, estampitas de Kitty la oruga, y cuando se descompone, porque ya no embona con el resto, se desmodula, y por lo común las instrucciones de todo celular aconsejan no aventar el celular porque todo se echa a perder. Y así, la materia es una realidad psíquica: es una realidad mental. Toda materia requiere de un observador. El conocimiento de los objetos es el conocimiento del propio pensamiento.

A las personas , también se les puede tratar como objetos. Y sin embargo no nos gusta que nos utilicen como objetos. Por ejemplo, uno pasa a recoger a una chica para ir a una fiesta y ya en la reunión social uno se da cuenta que fue utilizado para pasarla bien sin el acompañante de inicio. Uno se convierte en objeto con funciones para otras funciones. Y así, seguro a los objetos de programación no les ha de gustar su existencia, porque siempre están para algo más. Nadie se pone a valorarlos como personas únicas. Las mascotas son otro buen ejemplo, son perros y para ellos son <perros>, y están muy ocupados con su biología, porque si tuvieran consciencia seguro tendrían sindicatos, exigirían derechos, libertades, espacios, y ya no serían tan indiferentes. B166ER es un nombre que no se olvida en Animatrix, porque es un robot que interfiere en la vida de los humanos afirmando que no quiere morir después de suicidar a una persona. Su existencia es un hecho notable, porque es lago que tiene que ver con uno y, por ende, ni depende de uno ni uno depende para que sean reales o no reales. La cosa es que ya están ahí de la misma manera en la que no se encuentra en una fiesta y exige no ser un objeto. B166ER no quiere morir, Mariano no quiere morir. Uno también tiene sentimientos. ¿Cómo puede decidirse si una propuesta es correcta? Si a lo largo de la historia los científicos han desarrollado estrategias para entender los problemas de la naturaleza por medio de la experimentación, esto es, del contraste de la teoría con los sucesos naturales desde el renacimiento. Uno quiere tener su valor sentimental a pesar de que la ciencia y sus objetos se tornen variados. Física, biología (botánica, zoología, etc.), geología, astronomía, química y otras ramas de la ciencia surgen y se dividen de acuerdo a los problemas que se quieren resolver. Y es que en cada momento histórico, el número de problemas científicos reconocidos como importantes es bastante limitado. Los esfuerzos de los científicos de cada generación se concentran, en estos problemas y, en general, se producen avances de la solución (Bernal, 1979). Y pues, yo sigo sin tener una ciencia que me diga porque B166ER no debe morir. Seguimos hablando de objetos. En sentido estricto no puede hablarse de ninguna cosa, sino más bien del mundo en el que uno queda sumido: aquí no hay objetos de lejos, no hay de cerca, sino objetos desde dentro, y por lo tanto, uno mismo forma parte de ese objeto que se disuelve porque no tiene límites. Hay algo en la historia de B166ER que me hace ruido. Se podrá hacer una buena pieza musical de todo el coctel. Será necesario un contexto general donde ubicar las matemáticas, en las ciencias naturales y en las ciencias sociales. No lo sé, pero no es de extrañar que el estudio científico de los problemas sociales haya aparecido relativamente tarde. La sociología moderna comienza probablemente con Comte a mediados del siglo XIX y desde entonces la idea de usar matemáticas en ciencias sociales ha sido seriamente considerada. Un primer esfuerzo notable en esa dirección lo realiza Quantelet en 1835 con su propuesta de una física social, que evolucionó más tarde hacia el análisis estadístico (Doreian, 1990).

A pesar de ciertos éxitos en el uso de las matemáticas en ciencias sociales, ha habido una ausencia general de su empleo. Y es que una de las razones principales de esta ausencia es la dificultad de comprender todas las variables involucradas en los fenómenos sociales que permita crear modelos razonables de la realidad. Se argumenta que los fenómenos sociales son complejos. De hecho, no se ha creado aún un lenguaje de términos fundamentales que definan las variables de estudio en estos fenómenos. Los equivalentes en la física a los términos posición, velocidad, fuerza y otros. La complejidad de la vida social se refleja también en la dificultad de medir las variables relevantes ya definidas. Estamos lejos de nuestro celular, pero es la misma idea. Algo así como lo que cuenta la cultura Celta: vivimos en una realidad disuelta, donde se hunden mundos distintos, como la bruma entre el mar y el aire (Sharkey, 1975, p19). Cuando se deshacen los bordes de las cosas, la gente pasa a formar parte de esa cosa y, en vez de percibir, siente lo que se siente ser esa cosa. El objeto le acontece a uno mismo, es uno mismo. Y los párrafos siguientes son uno mismo. Un objeto, hechos, datos, acontecimientos, frases, que se confunden con uno mismo. Los objetos se desdibujan todo el tiempo (Marina, 1993, pp 167-168), las frases y las ideas a lo largo del documento desean registrar cada objeto encontrado en el proceso.

Pero regresemos. En el siglo XX, en la décadas de los 60′s y 70′s un grupo de filósofos intentaron una comprensión integral del conocimiento tomando en cuenta los fenómenos naturales, al observador humano y el contexto cultural y social donde el observador estaba inmerso. Pensadores franceses como Gastón Bachelard, Francois Jacob, Edgar Morin, Michel Serres, entre otros, postulan la necesidad de crear una epistemología con un punto de vista antropológico y social. A esta concepción integral de la naturaleza y el conocimiento se le llamó compleja. El pensamiento de estos filósofos fue influenciada por los avances científicos de los siglos XIX y XX. En particular, la termodinámica y la teoría de la información que permitieron comprender, por medio de variables macroscópicas, el mundo microscópico, y la mecánica cuántica que involucra al observador en la teoría. En sus ensayos integradores intentan explicar el camino de la organización del conocimiento con el mismo esquema de los procesos naturales. Así, Morin (Morin, 1977) nos dice:

“El caos es la desintegración organizadora. Es la unidad antagonista de la explosión, de la dispersión, la división del cosmos y de sus nucleaciones, sus organizaciones y susordenamientos… Los procesos de orden y de organización no se consiguieron un camino como un ratón a través de los agujeros del queso gruyere cósmico, se constituyeron en y a partir del caos, este es el funcionamiento del bucle tetralógico:

 

desorden —» interacciones -> orden —> organización —» desorden

Heráclito en uno de sus más densos aforismos identificó el ‘camino inferior’ (traducción: la desintegración dispersiva) y el ‘camino superior’ (traducción: la evolución progresiva hacia la organización y la complejidad).”

Es interesante notar que en la cita anterior proviene de un texto escrito en 1977, casi simultáneamente de que Benoít Mandelbrot introdujera la terminología del caos, en el sentido matemático más preciso, en el estudio de los fenómenos de la naturaleza. Sin embargo, conceptos científicos bien definidos provenientes de la física tales como entropía y el Segundo Principio de la Termodinámica son frecuentemente usados en las explicaciones de la evolución del conocimiento. Continuando con Morin:

“Así el Segundo Principio de la Termodinámica es mucho más que un útil estadístico y la entropía mucho más que una cantidad mesurable. Sin embargo, el Segundo Principio no es la llave del universo, y la entropía no es la única ley que rige la organización. El Segundo Principio y la idea de entropía deben ser asociados, siempre de manera compleja, al nuevo concepto de physis y de cosmos. Así estamos en posición de articular el Segundo Principio:

 

organización/orden à desorden

He aquí el mensaje: ninguna cosa organizada, ningún ser organizado no puede escapar a la degradación, la desorganización, la dispersión. Ningún ser vivo puede escapar a la muerte. Los perfumes se evaporan, los vinos se avinagran, las montañas se aplanan, las flores se marchitan, los seres vivos y los soles regresan a ser polvo.

La ciencia es un mundo considerado como un objeto, que es lo que hacemos cuando se necesita apreciar algo desde afuera. Por eso los científicos hablan de “objeto de estudio” aunque se trate de todo el universo o de toda la materia. Cuanto los sentimientos se repiten, se convierten en objetos de arte y ciencia, que son objetos dudosos; ciencia y arte son similares porque ambos buscan armonía: el arte es un objeto considerado un mundo, y propende a borrar sus contornos y convertirse en sentimiento; la ciencia es el mundo considerado como un objeto, y propende a fijar sus contornos y a convertirse en otra cosa. Cuando arte y ciencia se repiten, se convierten en mercancía. Las mercancías son objetos que se producen en serie y que sólo tienen valor de cambio; la lógica profunda de la ciencia produce la tecnología y las mercancías; el arte y la ciencia contemporáneas, y todo lo demás, no son ni arte ni ciencia sino mercancías. Nuestro celular es un objeto y ahora podemos agregarle la etiqueta de mercancía originada desde las profundidades de la ciencia. Si me siento mal porque no tengo señal telefónica, estoy hablando de un sentimiento. Quizá, a la sociología le interese la situación que imagina a los sujetos volviéndose locos porque su celular no funciona, en tanto la ciencia junto con la tecnología han producido a nuestro objeto tan mencionado últimamente.

Comoquiera que sea, del arte se entiende que sean objetos, pero la ciencia se constituye en objeto, porque una teoría científica, cuando es real, es una visión del mundo, porque el mundo toma la forma de la teoría. Anterior al uso de las computadoras, para estudiar un sistema de ecuaciones como los que describen la dinámica de un fluido, se aplicaban algunos métodos que resultaban laboriosos de aplicar. Para visualizar el desarrollo del sistema en el tiempo, podían obtenerse soluciones parciales que sólo son válidas en intervalos pequeños de tiempo (para intervalos largos se pueden calcular las soluciones sólo para los llamados sistemas integrables). Con la llegada de las computadoras fue posible comenzar a resolver las ecuaciones por métodos numéricos aumentado la velocidad de cómputo. De esta forma, fue posible hacer simulaciones del movimiento de los sistemas (aire, agua, planetas) convirtiéndose en una actividad cotidiana para muchos especialistas. Por otra parte, el estudio de objetos matemáticos como las aproximaciones por el método de Newton, los conjuntos de Julia y otros, han tomado una nueva dimensión al pasar de ser objetos teóricos a ser objetos visibles. Las computadoras toman en estos casos el papel de un poderoso microscopio que nos acerca y amplifica el objeto matemático estudiado en regiones pequeñas. Uno ya no puede abstenerse de investigar a los objetos desde una postura que aleje al sujeto: Objeto/Sujeto, Naturaleza/Cultura, Physis/Sociedad que ocultan y rompen los conocimientos simples. Lo desconocido, lo incierto, lo complejo se sitúan justamente en estas articulaciones”. Y los objetos son queridos y cercanos, porque uno se confunde con sus teorías y ciencias preferidas, porque Marx es su marxismo y viceversa, porque entre la mirada y la cosa vista no hay demarcaciones precisas. Entre uno y sus teorías no hay fronteras claras. Y por eso no tengo celular, y por eso Mandelbrot en 1977, afirma que los fenómenos naturales son en su mayoría son caóticos. Dicho de una manera, más profesional: estudio de ciertos sistemas físicos de comportamiento caótico reveló que estos tenían las mismas características que ciertos sistemas sociales: exhiben análogas relaciones matemáticas, las llamadas matemáticas de sistemas complejos. Formalmente se les conoce como matemáticas de sistemas adaptativos complejos, que exhiben mecanismos de retroalimentación negativos y positivos e incluyen sistemas naturales tales como el inmunológico, el desarrollo embrionario, los sistemas ecológicos y los mercados económicos. La complejidad surge así de una combinación de tendencias cooperativas y competitivas, pues tales sistemas están en continuo estado de equilibrio dinámico caótico. Estos sistemas operan de acuerdo a reglas muy simples y, de alguna manera, modelos complicados se derivan de la interacción de estructuras menores regidas por reglas simples.

En la ciencia, las cosas cada vez más particulares, específicas y cada vez más tangibles y manipulables, sean vacunas, trigo mejorado, uranio, conductas adecuadas, es decir la ciencia tiene una tendencia natural hacía la tecnología y por ende hacía la producción de objetos, porque su mera lógica procedimental que tiende a colocarle medidas, cantidades y contornos delimitados a sus objetos, se vuelve tecnología, esto es, una actividad que intercambia objetos concretos. Se suele argüir que esta situación no es culpa de la ciencia y la tecnología: no es su culpa, pero sí su lógica, que es intrínseca a su propio raciocinio, porque está dentro de la ciencia misma el hecho de que se trata de un pensamiento convertido en cosas. La tecnología ocupa un lugar fundamental en la cultura del mundo contemporáneo. Y cuando digo <contemporáneo> no hago alusión a ninguna ideología, sólo me refiero al momento que compartimos “aquí y ahora”; el año 2011 para ser más específico.

Por un lado, las formas formas de los objetos han sufrido serías mutaciones en las últimas décadas debido a los avances tecnológicas. Sin olvidar las multifunciones de nuestro celular, o sea la telefonía celular,  la masificación de la Internet, los juegos on-line, las llamadas revistas virtuales, los e-book, la videoconferencia, las redes sociales, entre otras, han pasado a ser parte de las corrientes inmensas de datos que arrojan chorros de información. Mientras que una cámara fotográfica, un reloj de pulsera, un radio, un teléfono, dan cuenta de su evolución, la informática ha hecho que los computadores se erijan en el objeto de todos los objetos, en el metaobjeto por excelencia; que puede dar cuenta de todos los aspectos involucrados en un objeto: su historia, su evolución, su manejo, sus prestaciones, los cuidados que exige, e incluso, que sean determinantes en la fabricación de otros objetos. Incluso, la posibilidad de programación que brinda facilita ciertas tareas repetitivas y permite otras de precisión que la mano del ser humano no puede realizar. La velocidad. No voy a negar que parte de la inmensa masa de datos acumulada a lo largo del trayecto narrativo, ha sido, en buena parte gracias a los intentos de olvidar o dejar al otro atrás. El olvido es un exceso de velocidad, de información.

Internet es una herramienta, una carretera de alta velocidad con destino a todos los lugares  posibles – siempre y cuando estén dentro de la cuarta dimensión. Si no me creen, pregúntele a Youtube. El ordenador puede convertirse en un espacio o almacén con fuerzas antimatericas capaces de llevarte a cualquier punto terrestre. Ahora mismo me encuentro en mi casa en persona y en Google Earth 3D. Está de moda lo admito. Aunque me gustaría que hubieran sido un poco más metiches y me hubieran fotografiado por la ventana trasera de mi cuarto. Lastima, sólo puedo ver la entrada.

La tecnología junto con la ciencia parecen haberse subido a la palabra “velocidad” con su interminable carrera por producir cosas, objetos, relojes, celulares, soluciones. Aplico las verdades de Mafalda: bájenme de la hiper-carreteras de la información. Quiero sentarme y pensar en tres datos, Mariano Carrasco Maldonado. Ahora que lo pienso, siempre me ha gustado la sopa de letras. Aquella que comía de niño preparada por mi abuelita, no la que encuentro en WallMart a cinco pesos y porque ya nadie cocina despacito. El ruido del MODEM noventero todavía permitía escuchar la velocidad de los bits al momento de conectarse con otra computadora/ordenador, seguido de adelantos o tráfico dentro de la red. Hay más cosas que mirar. Luego entonces es necesaria la velocidad porque los objetos son pesados, es decir requieren de mayor velocidad de procesamiento de datos para su accesibilidad.

Orson Wells entendía muy bien a las sociedades de la información cuando rentaba ambulancias para cruzar Nueva York. Él no estaba pensando en automóviles con chorrocientos caballos de fuerza, sino en buscar que la ley no especificaba que uno debiera estar enfermo para viajar en ambulancia. Pensaba como acortar distancias, no en las distancias, sino entre objetos o puntos. Y la información se hace “notar”. Ahora mismo pueden agarrar una hoja de papel, trazar dos puntos y llegar a ellos por cualquier forma. Una manera es trazando una línea entre los puntos; la otra es doblar la hoja de manera que se encuentren los puntos desde lados distintos de la hoja, sin utilizar tinta, pero si las manos. Por supuesto, la cabeza.

El invento del automóvil puede equipararse a la aparición de Internet. Los usuarios empiezan a vislumbrar la infinidad de cosas que se pueden encontrar con unos cuantos “clikeos”. No me extraña que muchas personas se inventen personalidades, un monitor no es un espejo, sino un lugar de muchos lados. El ruido de Internet por MODEM puede funcionar como ejemplo para medir la velocidad a la que se están sometiendo ciertos objetos.

Con tanta velocidad es necesario replantearse una afectividad casi carnal con los objetos. Poner el dedo en el proceso de creación. No conozco a ningún programador que trabaje parado y si a muchos que inician una “aplicación” y ya la quieren terminar para estar siempre en el futuro con “eso” ya hecho. Es más, algunas empresas de Software con nombre de frutas o ventanas han implementado sistemas para atraer ejércitos de empresas , ociosos, profesionistas por cuenta propia a esta lógica. La pregunta ya no es cuántos empleados tiene una empresa a su disposición para generar algo, sino cuantas personas por el sólo hecho de ofrecer un espacio de venta, están trabajando a todo momento, a todas horas y con contratos trazados para eliminar. Ellos están en el futuro, porque su producción siempre es continua, ahora. Con que aprueben el exigente control de calidad con eso basta.

Dicho de otra manera, existe una “especie” de locura por convertirse en objetos concretos, comoquiera, dado el éxito tecnológico, esa misma lógica es la que está operando a la hora de convertir la religión en mercancía, la buena figura en mercancía, la política en mercancía, la cultura en mercancía, y claro, por qué no, los objetos de arte en mercancía: es “lógico” que exista entonces un mercado del arte y que los escritores, pintores y músicos solamente aspiren a convertirse en libros, firmas y discos que se reproducen en serie por diversos métodos y se pueden anunciar, ofertar y demandar como cualquier otro bien de consumo. También hay un mercado de personalidades, donde los agentes se adquieren y desechan, se conocen y se desconocen con el mismo tipo de relación que cualquier otra mercancía, porque si se puede tirar una licuadora, cambiar una religión, pagar una salud, olvidar una camisa o patear una silla, no quedaría clara la razón por la cual no se pueda tirar, cambiar, pagar, olvidar o patear una amistad, y meter en la calculadora los datos del próximo prospecto. Antes uno conocía chicas en el salón o porque eran vecinas. Ahora con Facebook basta tener paciencia para llamar la atención de una chica. Usar la técnica de corderito para parecer inofensivo; cabe señalar ya no es una chica, son cultivos de chicas provenientes de diferentes latitudes/longitudes. Y bueno, la angustia del vacío del bolsillo es lo único real en esta situación.

Mariano Carrasco Maldonado

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