Fundamentación teórico-metodológica desde el signo de Peirce

La trinidad semiótica. Charles Sanders Peirce, lógico, filósofo y epistemologo, planteó una teoría del estudio de los signos que desarrolla diversas categorías sobre la semiosis a partir de un proceso triàdico de inferencia. Los tres primeros elementos que describe dentro de esa clasificación sígnica (representamen, objeto e interpretante) los explica a través de la definición del signo.

Un signo o representamen, es algo que, para alguien, representa o se refiere a algo en algún aspecto o carácter. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente, o, tal vez, un signo más desarrollado. Este signo creado es lo que yo llamo el interpretante del primer signo. El signo está en lugar de algo, su objeto. Está en lugar de ese objeto, no en todos los aspectos, sino sólo con referencia a una suerte de idea, que a veces he llamado el fundamento del representamen (1986:22).

De esto se deriva que cada representamen se conecta con tres entidades que son el fundamento – traducido también como “base” o como “ground” el objeto y el interpretante. (Colleted Papers 2.228, en Merrel, 1998:44). El punto a destacar de estas tres entidades no está en sus definiciones como tal, sino en las relaciones que se establecen entre ellas a partir del signo.

Para que estemos en presencia de un signo, éste debe cumplir con tres condiciones implícitas en la definición peirciana: en primer lugar, debe tener cualidades que sirvan para distinguirlo (una palabra o sonido particular que lo diferencie de otro); en segundo lugar, debe tener un objeto (condición necesaria pero no suficiente) y, en tercer lugar, la relación debe ser triàdica “comportar un representamen que debe ser reconocido como el signo de un objeto a través de uninterpretante” (Vitale, 2002:12).

Ahora bien, el interpretante viene a constituirse como otro signo, como cualquier signo que interpreta a otro signo y que posee múltiples posibilidades de expresión
un signo de otro sistema semiotico diferente al representamen (palabra/dibujo), un deíctico que apunta al objeto(palabra/dedo índice), una definición en el mismo sistema semiotico (palabra/concepto), la traducción de un término en otra lengua (español/inglés), uso de términos sinónimos en la misma lengua (palabra/sinónimo) o la asociación emotiva que provoca el representamen (palabra/valor/ emoción) (Vitale, 2002:13).

Los interpretantes generan lo que se conoce como semiosis ilimitada, pues cada interpretante se constituye en otrorepresentamen que genera nuevamente la relación tricotómica. El interpretante que ya ha transcurrido por esa tercera condición de ser signo – antes descrita – se clasifica, a su vez, en interpretante inmediato, dinámico y final. Elinterpretante inmediato según apunta Peirce “es una abstracción: consiste en una posibilidad” (Peirce, 1986:109). Es todo signo que se halla fuera de su contexto y de las circunstancias de su manifestación. Es la relación de ese signo con su objeto independientemente de la situación de comunicación.

Por su parte, el interpretante dinámico consiste “en el efecto directo realmente producido por un signo en su intérprete (…) Mi interpretante Dinámico es aquel que es experimentado en cada acto de interpretación, y en cada uno de éstos es diferente de cualquier otro (…) El interpretante Dinámico es un evento singular y real” (Peirce, 1986:109). De esta forma, este interpretante provoca un efecto singular en un intérprete frente a una situación concreta de manifestación del signo.

El tercer y último interpretante explicado por Peirce es el interpretante final o normal y presupone los interpretantes inmediato y dinámico. A este respecto, el interpretante final es pensado como un hábito que hace posible la interpretación recurrente y estable de un signo (Deladalle, 1996: 103).
Ahora bien, el objeto (progenitor del signo) es lo que representa ese signo y Peirce lo conceptualiza de la siguiente forma
Estar en lugar de otro, es decir, estar en tal relación con otro que, para ciertos propósitos, sea tratado por ciertas mentes como si se fuera ese otro. Consecuentemente, un vocero, un diputado, un apoderado, un agente (…) todos representan alguna otra cosa, de diversas maneras, para mentes que así lo consideran (1986:43).

Peirce también distingue en el objeto dos variantes: el objeto inmediato y el dinámico. El objeto inmediato es definido como “el objeto tal como es representado en el contexto de un proceso de semiosis”, diferenciado del objeto dinámico como “el objeto sin considerar ningún aspecto particular suyo, el objeto en tal relación como un estudio ilimitado y final lo mostraría” (Peirce, Collected Papers, 8.133, en Andacht, 2006:7).

Finalmente, la base vendría siendo el contexto que ofrece las posibilidades de la significación en un punto espacio-temporal (Merrel, 1998:45). El fundamento o base “es uno o varios rasgos o atributos de un objeto que permiten identificarlo, es decir, los rasgos distintivos que lo diferencian de otros objetos” (Vitale, 2002:23), lo cual esquematizó Peirce, en su momento, y que hemos re-elaborado de la manera siguiente:

La relación triàdica de los elementos del signo se suceden en relación con las categorías de Primeridad, Segundidad y Terceridad, a las que Peirce define como tendencias hacia las cuales se dirigen los pensamientos (Colleted Papers 1.356, en Merrel, 1998:52). La Primeridad está referida a una cualidad, sensación; es el modo de significación de lo que es tal como es, sin referencia a otra cosa. Es la posibilidad que, en algún momento futuro, quizás pueda cobrarse de una clasificación determinada de manera que entre en relación semiótica con otras entidades. “La existencia dentro de la Primeridad sería, si se puede imaginarla, como la de un sonámbulo, un autómata” (Merrel, 1998:53).

La Segundidad es el modo de significación de lo que es tal y como es, con respecto a algo más, pero sin referencia a un tercero e incluye la conciencia de algún otro. La Terceridad abarca la mediación, la síntesis de las dos categorías anteriores (Collected Papers, 8.328)

La Segundidad, se trata precisamente de algo actualizado a la manera de esta entidad en este momento. Es un aquí y un ahora: una singularidad, una particularidad (…) es la otredad en el sentido más primitivo de la palabra” (Merrel, 1998:55).

De esta forma, los tres elementos que constituyen la semiosis se tricotomizan sobre las categorías faneroscópicas y dan origen a nueve tipos En este sentido, el representamen se divide en cualisigno, sinsigno y legisigno. El cualisigno es de la categoría de la primeridad y representa una cualidad (color, textura, forma) que es, en sí misma, una posibilidad hasta que un sinsigno (un signo existente) se manifieste. El sinsigno corresponde a la categoría de la segundidad porque es “cualquier cosa existente que es un signo. El sinsigno es una materialización del cualisigno y cobra significado gracias a un legisigno (un tipo general del que es la manifestación)” (Vitale, 2002:29-30). El tercer estadio o legisigno lo define Peirce como
una ley que es un signo. Esta ley es generalmente establecida por los hombres. Todo signo convencional es un legisigno (pero no recíprocamente). No es un objeto único sino un tipo general que, como se ha acordado, será significante. Cada legisigno significa por medio de una instancia de su aplicación, que puede ser llamada una Réplica de él. Así, la palabra “el” (artículo) puede aparecer de quince a veinticuatro veces en una página. En todas esas ocurrencias es única y misma palabra, el mismo legisigno. Cada una de esas instancias es una Réplica. La Réplica es un sinsigno. En consecuencia, todo legisigno requiere sinsignos (…) Tampoco la Réplica sería significante, si no fuera por la ley que la convierte en tal (1986:29-30).

Por último, las tres categorías faneroscópicas aplicadas al objeto generan tres tipos de signos denominados iconos, índices y símbolos. Según Peirce, el primero está referido al signo que establece una relación de analogía con su objeto(1986:46). El segundo es un signo que entabla con el objeto una relación existencial (1986:30) y el tercero es unrepresentamen que se refiere a su objeto dinámico por convención, hábito o ley (1986:57).

2.2. Los niveles de la imagen: Barthes y Panofsky. En La Cámara Lúcida – Notas sobre la fotografía – Barthes (1982) alude al concepto de fotografía “unaria” al referirse a aquel tipo de imagen altamente difundida (ej. Fotoreportajes) que no provoca en el perceptor (Spectator, al estilo barthesiano) ningún interés especial, no lo atrae notoriamente; imágenes que se hojean pero no se rememoran (85). Asimismo, Barthes habla del “punctum” como ese elemento ausente en la fotografía uñaría que punza, que atrae la mirada inevitablemente (87), lo que vendría a ser el signo indicial en términos peirceanos (Collected Papers 4.447, citado en Andach, 2006:21) y el indexappeal o llamamiento indicial como lo denomina Andacht (2002:74).

Las fotografías pornográficas pertenecen al tipo de foto uñaría, pues expresan su homogeneidad al mostrar explícitamente una sola cosa: el sexo; vale decir, un Studium (campo de interés cultural, del gusto inconsecuente de una fotografía) un punctum (Barthes, 1982:85).

Barthes menciona los dos niveles de la imagen – de manera más metodológica que estrictamente secuencial – como la denotación y la connotación. El primero explica ese “estado adánico de la imagen”, el nivel literal, la imagen identificada mediante sus elementos, “despojada utópicamente de sus connotaciones, la imagen se volvería radicalmente objetiva, es decir, en resumidas cuentas, inocente” (Barthes, 1986:39). El segundo es “en cierta manera, el modo en que la sociedad ofrece al lector su opinión sobre aquél” (Barthes, 1986:13).

Este segundo sentido que Barthes atribuye a la imagen fotográfica, se elabora en el transcurso de diferentes niveles de producción de la fotografía tales como el trucaje, la pose, los objetos, la fotogenia, el esteticismo y la sintaxis. La pose y los objetos (elementos) que el fotógrafo dispone en el formato fotográfico son “inductores habituales de asociaciones de ideas (…), auténticos símbolos”; la fotogenia es la imagen sublimada a partir de la técnica fotográfica (la iluminación, el movimiento sugerido, la toma en blanco y negro, etc.); el esteticismo busca convertir la fotografía en pintura a través de la composición o la imitación de la técnica pictórica y la sintaxis plantea la lectura discursiva de objetos-signos dentro de una misma fotografía o en una serie (Barthes, 1986:16).

Panofsky, en sus estudios sobre la iconología, plantea una metodología para abordar estos signos que se fundamenta en tres niveles secuenciales equiparables a los niveles de Barthes: la descripción preiconográfica (nivel denotativo barthesiano), el análisis iconográfico y la interpretación iconològica (niveles de la connotación barthesiana). La descripción preiconográfica está determinada por la identificación de lo que perciben los sentidos, por esa significación primaria o natural relacionada con el mundo fáctico, “con determinados objetos que conozco por experiencia práctica y mediante la identificación del cambio en sus relaciones con determinados actos o acontecimientos” (Panofsky, 1970:37).

En el segundo nivel o análisis iconográfico, la imagen pasa a ser clasificada e interpretada dentro de una cultura específica
En este nivel utilizamos nuestros conocimientos y nuestro pensamiento asociativo para comprender lo que nuestros sentidos han captado, accedemos así al significado convencional de las cosas; esto es, al significado por todos conocido y aceptado como válido. Esto implica tener un conocimiento amplio de la cultura en la cual se origina el fenómeno o situación que queremos entender (Gómez, 2003:9).

Finalmente, el nivel de la interpretación iconològica busca descubrir e interpretar los “valores simbólicos”; hallar los significados ocultos que se encuentran en el inconsciente individual o colectivo. Es el nivel de la significación intrínseca o de contenido
El significado intrínseco o contenido se lo aprehende reconociendo aquellos principios subyacentes que revelan la actitud básica de una nación, de un período, una clase, una convicción religiosa o filosófica, todo esto modificado por una personalidad o condensado en una obra (Panofsky, 1970:41).
Copyright Universidad de los Lagos Dec 2008

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